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31/01/2016
JET LAG SOCIAL
 
 
El cuerpo humano tiene un preciso reloj interno que se encarga de regular los períodos de sueño y de sincronizar todos sus procesos biológicos con el entorno. Si el reloj biológico y el reloj social pierden el compás se entra en una zona de peligro, llamado jet lag social, un síndrome recientemente descrito caracterizado por una falta crónica de sueño que evidencia fundamentalmente los días laborables.

 Es el costo a pagar por cumplir los exigentes horarios que impone la sociedad y que están totalmente desligados y desfasados de los naturales ciclos del día y la noche. Las consecuencias de los efectos de este esfuerzo no desaparecen durmiendo más los fines semana, aunque uno así lo crea.


Los hallazgos de una investigación publicada en el Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism (18-11-15) demuestra que el jet lag social produce cambios metabólicos que pueden contribuir a desarrollar sobrepeso, obesidad, diabetes y enfermedades cardiovasculares. Los hallazgos en las personas investigadas demostraron elevados niveles de colesterol y de insulina en ayunas, una mayor resistencia a la insulina, incremento del diámetro de la cintura y del índice de masa corporal. Además, resultaron más propensas a fumar y beber más alcohol y cafeína. Estas alteraciones se mantienen incluso después de intentar dormir más horas en otros días, se realice actividad física y se ingieran menos calorías. Por lo tanto, las horas de sueño perdidas no se recuperan y el jet lag social es uno de los factores que se vinculan con la epidemia mundial de obesidad existente en la actualidad.


Los adolescentes que duermen tarde en la semana y se deben levantar temprano para ir al colegio o a trabajar conforman una población de riesgo y se comprobó en ellos un menor rendimiento académico y laboral por un descanso deficiente.


Juan F. Díaz-Morales, profesor de Psicología Diferencial en la Universidad Complutense (España) afirma: “En este sentido, los adolescentes que usan con más frecuencia los dispositivos como tabletas o móviles por la noche, incluso en la cama, están expuestos a una fuente adicional de luz que hace que su reloj biológico interprete que aún es de día, lo que se traduce en el retraso de inicio del sueño”. Aparte de la tecnología, “las actividades sociales, (ejercicio físico, ver la televisión, uso de internet) y los factores psicológicos (horarios impuestos por los padres o las relaciones con los amigos), repercuten también en una mayor preferencia por estar activo por la noche”.


Por lo tanto, cualquier momento no es bueno para dormir. Lo natural es que el organismo se sincronice con la luz del día repita cada día el mismo ciclo. Sin embargo, los hábitos de vida –más aun en las grandes ciudades- y la propia biología pueden desajustar este reloj y llevar al agotamiento físico y mental y al desarrollo de enfermedades. Esto adquiere especial importancia cuando se trata de adolescentes o niños que están en pleno proceso de crecimiento.
Un adecuado sueño nocturno permite que el cuerpo recupere su equilibrio funcional, “recargue las pilas” y pueda encarar el nuevo día.

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