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20/12/2015
EJERCICIO FISICO, UNA PROTECCION PARA EL CEREBRO
 
 
Los principales objetivos que buscan las personas al hacer ejercicio físico suelen ser bajar de peso, tener un cuerpo más esbelto, desarrollar masa muscular o mejorar la salud en general. Pero otro efecto quizás menos conocido es el beneficio sobre la salud cerebral y mental.

 El ejercicio físico afecta la estructura y la química cerebral. La neurogénesis (proceso de creación de nuevas neuronas) ocurre cuando se realiza una actividad física, sea caminar rápido, correr, bailar, andar en bicicleta, nadar.

Una investigación en personas adultas (Erickson y colab., 2011) demostró que un entrenamiento aeróbico moderado de tres días por semana durante un año aumentó un 2% el volumen del hipocampo (región fundamental para la memoria) e incrementó los niveles de BDNF (del inglés, factor neurotrófico derivado del cerebro) proteína muy importante que fortalece las conexiones neuronales, forma nuevas neuronas y aumenta la circulación cerebral con mayor llegada de un conjunto de nutrientes que mejoran más aun su funcionamiento. Al hacer actividad física aumenta el nivel de BDNF y cuanto más BDNF se dispone, mayor capacidad tiene el cerebro para aprender, mejorar la memoria y tener mejor asociación de ideas. Es frecuente que durante o después de hacer ejercicio un individuo se sienta más despejado, vea las cosas con más claridad mental o encuentre la solución a cuestiones que le resultaban complejas.

Se requieren sólo tres meses de ejercicio para que aumenten los niveles de BDNF en el cerebro siempre y cuando sean aeróbicos, es decir, que es mejor caminar o correr que levantar pesas. Y veinte minutos diarios de actividad física bien hecha son suficientes para las personas que llevan una vida sedentaria ya que no es lo mismo el ejercicio que se hace para mejorar el rendimiento deportivo que el necesario para tener un cerebro más sano. Para lograr esto no hace falta correr maratones ni pedalear hasta la extenuación, sólo hacer algo afirma Gretchen Reynolds, columnista del New York Times y autora de un conocido best-seller titulado “Los primeros 20 minutos”.

También la actividad física incrementa los niveles de endorfinas -existen unos 20 tipos distintos- sustancias químicas naturales que son analgésicas, estimulan los centros de placer en el cerebro y además protegen contra virus y bacterias que invaden el organismo. Tienen una vida corta, de ahí que el beneficio dura poco y se requiere continuidad para producirla de manera continúa.

La serotonina también aumenta. Esta sustancia regula el sueño, establece un control sobre el apetito (en especial los hidratos de carbono), equilibra el deseo sexual, regula la temperatura corporal y mejora el estado de ánimo.

Los beneficios se pueden potenciar si se hacen al aire libre y con luz solar, ya que ésta, al actuar sobre la glándula pineal, mejora más aun el estado de ánimo.

Que la actividad física sea beneficiosa para la salud del cerebro no significa que sea el único factor. También influye la genética, una sana alimentación, el trabajo intelectual y mantener buenas relaciones interpersonales.

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