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29/11/2015
LA TERAPIA CAMBIA EL CEREBRO
 
 
Desde hace tiempo se conoce que las terapias psicológicas son útiles para modificar creencias, pensamientos, estados de ánimo y estilos de funcionamiento, mejorando de manera efectiva el sufrimiento de muchas personas. Pero poco se sabía sobre su efecto sobre el cerebro. Los recientes conocimientos de la plasticidad cerebral (la capacidad que tiene el cerebro para formar nuevas conexiones nerviosas) determinan que un tema de interés en la actualidad sea precisar los cambios cerebrales que producen los tratamientos psicológicos.

 Durante mucho tiempo se sostuvo una errónea posición que consideraba a la psicoterapia un tratamiento para los trastornos estrictamente “psicológicos”, mientras que los psicofármacos lo eran para los trastornos de causa “biológica”.


La Dra. S. Vaughan, en su libro The Talking Cure, en 1997, fue una de las primeras en postular la hipótesis que la psicoterapia cambiaba la química del cerebro. En la actualidad, los estudios de neuroimágenes parecen darle la razón.
Cuando una persona sufre de depresión, angustias, fobias, ideas obsesivas o ataques de pánico su cerebro cambia por modificaciones químicas y hormonales. Es precisamente hacía ellos que apuntan los psicofármacos para regularizar lo que está alterado. Aunque esto es rigurosamente cierto no significa que sea exclusividad de los medicamentos: las psicoterapias cumplirían una acción semejante, en forma coincidente pero no idéntica. Svenia Taubner, investigadora del Departamento de Psicología de la Universidad de Klagenfurt (Austria), investigó el año pasado los cambios que se producen en el funcionamiento cerebral, cuando los pacientes son sometidos a psicoterapia de orientación psicoanalítica. Aunque la investigación se realizó sobre un número reducido de pacientes constató que ocho meses después de iniciada la terapia psicodinámica, los cerebros de los pacientes con depresión habían cambiado y que su funcionamiento era igual a la de las personas sanas sin depresión y con mejoría o desaparición de los síntomas depresivos. En otras palabras, las resonancias magnéticas funcionales mostraron que los cambios en el sistema límbico que presentan las personas con depresión se normalizaron con un tratamiento psicológico.


Estas investigaciones implican que las psicoterapias inducen cambios moleculares y celulares. En tal sentido, dos estudios finlandeses han medido los cambios moleculares después de la psicoterapia, apoyando la hipótesis planteada por Eric Kandel, que “la psicoterapia podría producir cambios en la expresión génica a través del aprendizaje, mediante la alteración de la fuerza de las conexiones sinápticas entre las células nerviosas e inducir cambios morfológicos en las neuronas”.


Otros neurocientíficos encontraron también evidencias de que la práctica de la meditación puede cambiar el cerebro “al fortalecer los circuitos cerebrales responsables de mantener la concentración y de generar empatía”.
A pesar de que estas investigaciones recién empiezan quizás pueda, como decía Platón, subsanar ese error de tener médicos para el cuerpo y médicos para el alma.

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