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08/11/2015
“NI UNA TETA MENOS…”
 
 
“Ni una teta menos, preserva las tuyas” fue el título de la conferencia que R. Chacón - eminente oncólogo argentino reconocido internacionalmente, Director Académico del Instituto A. Fleming- dictó el pasado 1º de octubre en el Salón Dorado del Palacio Legislativo de la CABA. Dijo: “Yo quería hacer la diferencia entre “Ni Una Menos”, cuando la mujer enfrenta al agresor de afuera y con “Ni Una Teta Menos, donde el enemigo puede estar adentro”

 El cáncer de mama es el tumor que con más frecuencia afecta a la mujer y es fácil de detectar con exámenes periódicos (mamografía y ecografía mamaria) que por lo menos una vez al año, después de los 50 años, toda mujer debe realizar si no existen antecedentes familiares. En caso de existir parientes de primer grado (madre, hermana o hija) con antecedentes de cáncer mamario, los controles de prevención deben hacerse a partir de los 35 años.
En la actualidad se estudia la biología de la célula tumoral para establecer el tipo de cáncer en cuestión, en especial, si existen o no receptores hormonales en las células enfermas, así como la presencia o no de la proteína HER2, entre otros factores. Según estos datos se clasifican las distintas las variedades de cánceres de mama.


Cuando la célula tumoral tiene receptores hormonales para estrógenos y progesterona se llama cáncer hormonodependiente y se estima que son los más frecuentes (66% de todos los casos) y los más característicos después de la menopausia. Los estrógenos hacen crecer el cáncer de mama por actuar, precisamente, en estos receptores específicos. Por lo tanto, si un medicamento interviene antes sobre estos receptores y los bloquea, el estrógeno no tendría su lugar para actuar, mejorando así la evolución de la enfermedad. Un compuesto que se une a los receptores y evita entonces la acción del estrógeno es el tamoxifeno, que impide así que se desencadene la proliferación del tumor. Administrado durante un periodo de por lo menos 5 años (algunos especialistas aconsejan ahora 10 años) previene la aparición de recidivas del cáncer mamario.


También la depresión en la mujer con cáncer es mucho más frecuente que en la mujer sin cáncer. De esa concordancia surge la necesidad que además del tamoxifeno se le indique a la mujer un antidepresivo. Pero a veces se contraponen sus efectos, siendo el más peligroso que el antidepresivo anule o disminuya la acción del tamoxifeno. Esta lucha se produce en realidad en el hígado ya que una enzima (llamada CYP2D6) es frenada por el antidepresivo e impide que el tamoxifeno se transforme en endoxifeno que es su producto final activo.


Los antidepresivos tienen una interacción variable con el tamoxifeno según afecten su acción: mínima (venlafaxina, desvenlafaxina, mirtazapina), leve (citalopram, escitalopram), moderada (sertralina, duloxetina, fluvoxamina) o severa (fluoxetina, paroxetina, bupropion).


Todo psiquiatra conoce que antidepresivo se puede usar y cual no en una paciente que recibe al mismo tiempo tamoxifeno además de la imprescindible necesidad de estar en contacto con el oncólogo, auténtico director del tratamiento.

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