Articulos
18/10/2015
¿SOMOS LO QUE FUIMOS?
 
 
Decías Hipócrates que “Los hombres deben saber que del cerebro, y solo de él, vienen las alegrías, las delicias, el placer, la risa y también, el sufrimiento, el dolor y los lamentos. Y por él, adquirimos sabiduría y conocimiento y vemos, y oímos y sabemos lo que está bien y lo que está mal, lo que es dulce y lo que es amargo. Y por el mismo órgano, nos volvemos locos, y deliramos y el miedo y el terror nos asaltan. Es el máximo poder en el hombre. Es nuestro intérprete de aquellas cosas que están en el aire”.

 El desarrollo cerebral es el resultado del código genético y de las experiencias de interacción con el entorno y será la base de la futura personalidad. Las Neurociencias afirman que las experiencias tempranas de vida diseñan la arquitectura del cerebro y el futuro comportamiento de un individuo. El Psicoanálisis, por su lado, afirma que las marcas mentales inconscientes de la infancia, sean buenas o malas, pueden ser casi indelebles en el plano psicológico. Ambos enfoques coinciden en considerar la infancia como una plataforma de despegue hacia el futuro destino personal.


En esta etapa temprana, además de la alimentación y el sueño, los afectos son fundamentales para un desarrollo sano. Son múltiples las investigaciones que afirman que las experiencias desfavorables durante la infancia no solo afectan de manera traumática el psiquismo del niño sino también el desarrollo de su “cableado” cerebral.
Los primeros vínculos son el eje central del desarrollo infantil porque los chicos aprenden de los adultos las habilidades psicológicas, emocionales y sociales para adaptarse al entorno y desarrollar su personalidad.
S. Shanker (profesor de Psicología de la Universidad de York, Canadá) resalta que el adulto que atiende al bebé funciona como un “cerebro externo” y que esa relación resulta vital para la integración sensorial, la coordinación motriz, el desarrollo emocional, la capacidad de atención y en el autocontrol.


Los estilos vividos en la infancia pueden predecir cómo será la calidad de vida del adulto.


Algunos ejemplos. Un chico que vive una situación de abandono en su infancia podrá, ya más grande, tener miedo a ser rechazado o intentará aislarse para no correr riesgo y elija estar solo aunque sufra mucho por eso. El fantasma de ser rechazado o de no ser deseado puede inducir su auto-descalificación, futura semilla de la depresión, timidez o ansiedad social. El chico que es desaprobado, tildado de inútil o de torpe podrá dañar su autoestima desde pequeño e inducir más adelante el desarrollo de una personalidad dependiente cuyo eje sea agradar y conformar los deseos de los otros para evitar posibles reproches o humillaciones. Al niño que no se le cumple con lo prometido en forma reiterada es probable que la desconfianza lo induzca a ser una persona controladora y autoritaria que aspire a manejar todo y que nada dependa de otro.


El pasado condiciona pero no condena. Toda persona dispone de una condición interna para proyectarse y cambiar su futuro, algunos con recursos propios, otros buscando la ayuda necesaria.

Notas Relacionadas con Articulos