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25/10/2015
EL PLACER DURA POCO
 
 
Los seres humanos suelen tener dos deseos universales: vivir sanos mucho tiempo y ser felices. “El destino de los hombres está hecho de momentos felices, pero no de épocas felices”, afirmaba F. Nietzsche (1844-1900) señalando así que no se puede ser siempre feliz.

 La Medicina reconoce que las personas felices son más sanas y que las deprimidas se enferman con mayor frecuencia. Dentro de los beneficios que trae aparejada la felicidad, se puede señalar que mejora el sistema inmunológico, produce mayor resistencia al estrés, disminuye el riesgo de enfermedades cardiovasculares, infartos o ACV, permite trabajar mejor, ser más creativo, tener dominio de sí mismo, mejor vida social y vínculos afectivos más satisfactorios.


Muchos confunden felicidad con placer y conviene diferenciarlos. El placer se vincula más con los sentidos corporales, se relaciona con el cerebro y se ubica a nivel biológico. La felicidad, por el contario, es una condición mental, relativa e individual cuando se han satisfecho y cumplido objetivos de la vida. Por lo tanto, lo que hace feliz a un individuo no necesariamente es válido para otro. La felicidad no depende de circuitos cerebrales; el placer, sí.
El placer es como un reclamo del cuerpo cuando le falta algo, luego desaparece. Por este mecanismo la naturaleza motiva al hombre a concretar las acciones necesarias para vivir, reproducirse y satisfacer así diversas necesidades. Por ejemplo, si se siente sed al beber agua se sentirá placer por calmar esa necesidad. Al desaparecer la sed, desaparecerá el placer. Si se continuara tomando agua sin sed se produciría rechazo o desagrado, lo que implica que es imposible sostener el placer como un estado permanente.


Bien oculto en el centro del cerebro existe una red formada por diferentes estructuras (sistema límbico, área tegmental ventral, núcleo accumbens) que se vinculan con otras zonas relacionadas con las emociones y la memoria (amígdala, hipocampo). Cuando las neuronas de este complejo neuronal reciben el aviso de algo agradable disparan impulsos eléctricos que hacen liberar dopamina, una sustancia química responsable del placer. Su producción se activa con caricias, juegos, ricas comidas, buena lectura, reunión con amigos, linda película, música sensible, sexualidad satisfactoria y muchas otras cosas propicias.


En niños sanos la fábrica de dopamina funciona a pleno y la genera en grandes cantidades pero, lamentablemente, va disminuyendo con los años por una menor producción de la misma. Es una de las razones de porque los chicos son más felices que las personas mayores. Y quizás también que sea una de las razones de porque se deprimen más los adultos y los mayores, más aun si están aislados y desconectados de los estímulos adecuados.
El placer conduce a la felicidad por un rato, en tanto se colma una necesidad pero es un costoso error pretender llenarse de placeres para ser feliz. Muchas veces basta con no crearse más necesidades que las razonables para tener bienestar. Caso contario la angustia, la depresión o las adicciones pueden ser las consecuencias.

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