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06/10/2015
PELIGRO CONSTANTE
 
 
Con frecuencia, en todo ser humano se disparan estados emocionales que desbordan su funcionamiento racional. Son emociones que se expresan como miedo, angustia, rabia, peligro, agresión, tristeza, bloqueo, obsesión, resentimiento y lo llevan a reaccionar, a su pesar, de manera automática y refleja. Algo hace perder el control racional. La psicobiología denomina a este proceso “secuestro amigdalino” y para su comprensión es importante recordar que el cerebro tiene una parte pensante (corteza frontal) y otra emocional (el sistema límbico). Este último es el responsable de inducir reacciones rápidas, automáticas, reflejas y con respuestas que no pasan por el control de la parte pensante.

 Toda información que llega del exterior determina que el sistema nervioso envíe una parte de esa información a las amígdalas cerebrales (que son el archivo emocional) y otra a la corteza cerebral (la parte pensante). Las amígdalas son dos centros emocionales claves del cerebro, situadas una en cada hemisferio y a unos pocos centímetros de distancia de las orejas. Son radares que detectan los peligros y desencadenan las reacciones adecuadas para sobrevivir por su capacidad de detectar una amenaza en décimas de segundos y de tomar el control del resto del cerebro. Es por eso que en plena actividad amigdalina no se piensa con claridad, no hay concentración, no hay capacidad de aprender, se olvida toda información elemental.

Cuando las amígdalas registran que un hecho actual coincide con una experiencia pasada que por alguna razón quedó registrada como peligrosa o traumática, dispararán una inmediata reacción de alerta con respuestas automáticas para pelear, huir o quedar paralizado debido a un complejo sistema defensa para las amenazas externas, llamado eje HHA (Hipotálamo-Hipófiso-Adrenal).

Este eje HAA produce de manera simultánea hormonas, diversas sustancias químicas y anticuerpos que se traduce en respuestas normales para enfrentar así las situaciones críticas. Como resultado, aumenta la respiración, los latidos cardíacos, la presión arterial, la tensión muscular, se concentra el campo visual y la mente solo se enfoca en el peligro. Las amígdalas declaran una reacción de guerra al peligro que por su rapidez de acción saltea al cerebro racional, actúa por su cuenta y en ese momento, uno es un ser instintivo tratando solo de salvarse. Se dice que la amígdala secuestro la capacidad de pensar y por eso se llama a este mecanismo que ocurre en toda persona normal “secuestro amigdalino”.

Por lo tanto nadie está exento de vivirlo y de hecho ocurre con frecuencia. Sin embargo, es anormal cuando las amígdalas no se activan así por amenazas o peligros externos sino ante riesgos internos que se originan en la imaginación, en creencias inconscientes o ideas que se toman como verdaderas. El radar reacciona entonces como si fueran reales y permanece encendido de manera continua. Este sistema así activado determina que una persona sufra muchos síntomas ilógicos y sea menos capaz para afrontar la vida de manera realista y satisfactoria.

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