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13/09/2015
LOS CHICOS TAMBIEN SE ANGUSTIAN
 
 
La ansiedad también existe en los niños y es un malestar que afecta a muchos de ellos. A pesar de su frecuencia muchos padres no solo desconocen su existencia sino que no pueden aceptar o comprender que su hijo pueda padecerla.

 Son muchas las causas que generan ansiedad. Con frecuencia son fruto de problemas “normales” que el niño no puede tolerar adecuadamente: la muerte de una mascota que quería mucho, la separación de los padres –más si no fue bien manejada entre ellos-, los celos ante el nacimiento de un hermanito, alguna enfermedad o muerte en el ámbito familiar a la que no se le asignó importancia o diversas situaciones que forman parte de la vida cotidiana.

El reconocimiento de la ansiedad en los chicos puede ser difícil y las manifestaciones posibles tienden a ser consideradas expresiones exageradas o pasajeras de lo que se consideran reacciones normales y adaptativas. En consecuencia, en muchas familias existe la errónea idea que un malestar emocional en los chicos no es algo importante sino algo transitorio o inocuo. No obstante, con el tiempo se puede observar que si los chicos ansiosos no tienen una adecuada atención -además de sufrir- rinden poco en el colegio aunque sean inteligentes, les cuesta vincularse con sus pares, son tímidos, suelen ser agredidos o tomados de punto, a veces no quieren ir a la escuela y suelen tener baja autoestima. Un inconveniente no menor es que si la ansiedad infantil no se trata como corresponde se puede prolongar en la adolescencia y traducirse entonces en miedos, fobias, ataques de pánico, abuso de alcohol, consumo de drogas, problemas de estudio o dificultades en el trabajo.


Una forma de distinguir en los niños si la ansiedad es normal o no es observar si el chico se recupera y permanece libre de ella cuando la situación que la provocó ha desaparecido -lo que indica una sana flexibilidad emocional- o si a pesar del paso del tiempo perduran manifestaciones que llaman la atención.


¿Cuáles son entonces los indicios a tener en cuenta en un niño? Conviene prestar especial atención a las persistentes conductas desafiantes, si se aísla o no juega con sus amigos, si tiene berrinches, cambios frecuentes de su estado de ánimo, si busca llamar la atención en forma reiterada, si no se puede concentrar en la escuela o en sus tareas escolares, si tiene problemas con la comida o con el sueño nocturno, si le cuesta separarse de los padres, si manifiesta miedo a la oscuridad, si está hiperactivo, si se enferma seguido o se accidenta con frecuencia.


Conviene que los padres no le resten importancia a estas expresiones y consulten primero ellos con un especialista. Como la angustia es contagiosa resulta comprensible que los padres también se angustien, se sientan impotentes, culpables, se enojen, se pongan autoritarios o recurran a cualquier recurso para calmar al niño con actitudes que aunque sean necesarias y efectivas en el momento no tengan un efecto duradero.
La ansiedad expresa un sufrimiento presente y un riesgo futuro para encarar nuevas situaciones evolutivas en forma naturalmente eficiente.

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