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05/07/2015
HIDRATA TU CEREBRO
 
 
Tomar agua y mantener un nivel adecuado de hidratación es fundamental para la salud y el normal funcionamiento del cuerpo. Conviene recordar que el agua es el principal componente de nuestro organismo aunque la cantidad difiere según la edad y según cada órgano. Por ejemplo, en el feto, más del 90% del peso corporal es agua, desciende al 75% en los recién nacidos y a un 65-70 % en los adultos. El agua es un elemento constitutivo de todos los órganos del cuerpo. Algunos lo tienen en una alta proporción (sangre o riñones, 90 u 80% respectivamente) y otros en menor cantidad (huesos, 22%).

 El cuerpo humano no tiene depósitos ni reserva de agua. Una persona puede estar muchos días sin comer (como sucede en quien hace ayunos o una huelga de hambre) porque consumirá su grasa corporal como fuente de energía calórica pero nadie puede sobre vivir más de 72 o 96 horas si no ingiere líquidos.

Por lo tanto, si se aspira a un buen funcionamiento del cuerpo no se debe olvidar tomar agua. Lo mismo vale para tener una adecuada actividad del cerebro aunque un hecho tan sencillo muchas veces no recibe la atención que merece. Muchas personas consideran que tomar líquidos solo es importante para realizar actividades físicas y no para la actividad cerebral, sin embargo, realizar esfuerzos mentales o físicos son hechos similares y ambos requieren de una ingesta de líquidos adecuada porque si no el rendimiento se verá disminuido.

La escasa hidratación cerebral se manifiesta con menor capacidad para prestar atención, disminución de la memoria de trabajo y de corto plazo, de la coordinación motora, del tiempo de reacción, aparición de dolor de cabeza y cierto grado de desorientación o embotamiento. El agua es de especial importancia en los adultos mayores ya que con los años se pierde la sensación de sed. Muchos cuadros depresivos o de confusión que terminan en consultas médicas o psiquiátricas quizás se podrían evitar sencillamente tomando agua con regularidad. ¿Cuánto hay que tomar por día? Una medida adecuada son ocho vasos de agua como medida promedio.

Es abundante la evidencia científica acumulada que evidencia que una inadecuada hidratación cerebral afecta seriamente las funciones psíquicas y cognitivas. La carencia de agua se expresa con desasosiego, somnolencia, irritabilidad; bajos niveles de energía, sensación de debilidad o flojedad; piel seca; boca pastosa y saburral; menor cantidad de orina y de color similar al té, entre otras posibles.

Según investigadores alemanes del Instituto Max Plank el cerebro se achica (como una pasa de uva) por cambios estructurales ya que la falta de agua hace que aumente la concentración de sales en la sangre lo que induce a que salga agua del interior de las células, que se encogen. En especial, se ven afectados los astrocitos, unas células del cerebro implicadas en el transporte de agua y también en la comunicación entre las neuronas. Este proceso se puede dar en todas las edades siendo las poblaciones de mayores riesgos los niños y los adultos mayores.

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