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01/03/2015
EL DESEO DE TENER HIJOS
 
 
Hasta hace pocas décadas el ser humano solo nacía como resultado del encuentro sexual de una pareja pero ahora -gracias a los avances médicos- es posible lograr ese objetivo con nuevos recursos. Uno de ellos es el tratamiento basado en personas que donan sus óvulos o de espermatozoides, llamado ovodonación.

En general, en la mujer tener un hijo suele ser un anhelo que comienza mucho antes de la adultez y ya desde niñas suelen jugar a ser mamás. En los varones este deseo suele ser más tardío. La mayoría de las parejas adultas piensan que cuando quieran y lo intenten van a conseguir el embarazo y por lo tanto, la frustración por no lograrlo suele producir una gran desilusión que solo se atenúa en la esperanza de un próximo ciclo que sí resulte exitoso. La imposibilidad de embarazo siempre produce marcado estrés en ambos miembros de la pareja, un impacto en su confianza y un daño en la autoestima que se debe encarar de manera conjunta ya que ambos son parte del problema. Se suma a esto el esfuerzo que implica las consultas médicas, la inseguridad, la pérdida de la privacidad de la pareja, la necesidad de cumplir con una sexualidad en determinados días y horarios, el costo económico, etc.
Los embarazos por donación de óvulos o espermatozoides es un recurso por el cual ya nacieron en nuestro país cientos de niños por este importante medio. La primera gestación se logró en 1983 y actualmente suele tener un porcentaje mayor de efectividad que otros métodos. Las generosas personas donantes suelen ser jóvenes, no mayores a los 32 o 35 años de edad.
Sin embargo, la posibilidad de recibir óvulos o espermatozoides por ser los propios escasos o de mala calidad genera esperanzas pero también preguntas, dudas y temores. Uno de ellos se relaciona con la calidad de la información genética que provendrá del material donado y que pueda ocasionar en el recién nacido futuras patologías desconocidas o características físicas muy diferentes a la de los padres gestantes. Estos, a su vez, tienen que hacer una suerte de duelo genético para aceptar que el futuro hijo no tendrá solo sus mismos genes.
Un segundo temor de los padres receptores es que el hijo tenga conflictos futuros semejantes a los de un niño adoptado. Pero, en realidad, son situaciones muy diferentes ya que en caso de adopción el problema del niño suele ser el por qué fue abandonado mientras que en la donación lo que prevalece es el opuesto y potente deseo de los padres de tener un hijo.
Otro temor, es que ya adulto el niño quiera conocer al donante para saber su historia completa. En realidad, es un derecho válido para conocer su identidad si así quisiera y por tal razón es posible acceder a esa información a partir de los 18 años.
Para aclarar todas estas dudas y temores es imprescindible que los futuros padres reciban la información, el apoyo y la contención psicológica adecuada para no desaprovechar los indudables beneficios que implica la donación de óvulos o espermatozoides para quienes desean tener hijos.

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