Articulos
22/03/2015
UNA AMARGURA PROLONGADA
 
 
La distimia (palabra griega que significa “humor perturbado”) es uno de los trastornos anímicos más frecuentes (junto al trastorno depresivo mayor y al trastorno bipolar) que afecta a muchas personas y conforma una de las más importantes perturbaciones del estado de ánimo.

Las personas distímicas presentan los siguientes síntomas: 1) altibajos del estado de ánimo con tendencia a enojarse o bajonearse con facilidad, 2) pesadumbre con visión poco optimista del futuro 3) dificultad para disfrutar de las cosas agradables o placenteras, 4) excesiva tendencia a las preocupaciones con protestas frecuentes, 5) trastornos para dormir de noche, con despertares frecuentes y sensación de cansancio por la mañana, 6) dificultad para concentrarse en el trabajo, lectura, conversaciones, 7) dolores de cabeza, cansancio y molestias digestivas, 8) sensación de tener poca energía y de no poder lograr objetivos y 9) alteraciones en el apetito.

No alcanza a ser un estado depresivo y suele acontecer en personas sometidas a tensiones constantes, extremadamente autoexigentes o perfeccionistas y con mucha dificultad para relajarse o distenderse.

La distimia puede durar semanas, meses, años o incluso persistir toda la vida. A tal punto que muchos consideran que "son así” y no la identifican como una condición patológica para tratar sino como un estado normal de su forma de ser.

Es causa frecuente de una mala calidad de vida, malestar personal y familiar ya que suelen vivir irritados, agresivos y con facilidad para entrar en discusiones. Con frecuencia los familiares o conocidos los llaman "amargos" o que tienen “mala onda”. Los demás se van alejando y suelen ir quedándose solos.

Como trastorno es bastante frecuente ya que lo sufre el 5% de la población, es decir, 1 de cada 20 personas y lo padecen más las mujeres que los hombres (relación 2 a 1).

Las causas pueden ser: a) genéticas (poco frecuente), b) ambientales (más frecuente) por factores de la crianza/personalidad o situaciones recientes de separación, mudanza, problemas laborales y c) bioquímicas (muy frecuente) por un disbalance entre los neurotransmisores cerebrales o de los lugares en donde ellos actúan, los receptores cerebrales. Esto último hace que se pueda acompañar de otros malestares como miedos, fobias, obsesiones o problemas de alimentación.

La distimia se trata con psicoterapia y con medicamentos antidepresivos. En tal sentido, en la actualidad se dispone de amplias variedades en ambos sentidos que suelen ser muy efectivas. Solo basta que la persona reconozca que “no es así” y que si acepta hacer un tratamiento puede mejorar y mucho.

Aunque es un trastorno menos grave que otros, tiene la característica de perpetuarse en el tiempo y si no se trata, a la larga, puede derivar en una depresión importante.

Mucho ayuda una alimentación saludable, evitar el alcohol -ya que es un depresor- y realizar actividad física (uno de los mejores antidepresivos que existen).

La clave es que el paciente distímico entienda que padece un trastorno y que no se resigne a vivir sufriendo de esa manera.
 

Notas Relacionadas con Articulos