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15/03/2015
DOS SINTOMAS QUE DEBEN PREOCUPAR
 
 
Todo síntoma es señal de una alteración en el organismo al que se le debe prestar atención ya que advierte de alguna amenaza en la salud.

Aquellos que son muy intensos (el dolor, por ejemplo) inducen a buscar rápida ayuda para encontrar un pronto alivio, pero otros -que no son muy marcados- puede que no reciban la merecida atención.
Dentro de estos últimos es conveniente destacar dos que son frecuentes: el cansancio y el dormir mal que se pueden dar de manera conjunta o independiente uno del otro.

Todo el mundo conoce la sensación de estar cansado como consecuencia de un día de mucho trabajo, alguna situación agobiante, un viaje fatigoso o una excesiva actividad física. Este tipo de cansancio suele ser pasajero, se reconoce la causa que lo produce y suele desaparecer con un descanso adecuado.

Sin embargo, muchas personas viven cansadas sin un motivo que lo justifique o con poca resistencia para realizar sus tareas habituales. No es que no deseen hacer las cosas sino quieren pero no pueden, falta la energía aunque exista la voluntad de hacer, como que el cuerpo no responde. Si el cansancio no es muy intenso quien lo padece suele resignarse a convivir con él aunque si no desapareciera después de dormir bien, alimentarse de manera adecuada o estar en un ambiente tranquilo debe ser evaluado por el médico clínico con los estudios complementarios que pueda solicitar.

El problema surge cuando la conclusión final es que todo está normal. En tal situación, la explicación habitual para explicar el cansancio suele ser “los nervios” o “el estrés”, términos muy usados pero que no alcanza para resolver el malestar. Vale entonces profundizar en la búsqueda del origen del cansancio ya que siempre en medicina resulta difícil resolver un malestar si no se detecta la causa que lo produce. De ahí surge la necesidad de realizar estudios más específicos para buscar posibles alteraciones hormonales, neuroquímicas o inmunitarias.

El otro síntoma que afecta a muchas personas es dormir mal. En la población, cada vez es más frecuente la dificultad para conciliar el sueño, despertarse con frecuencia durante la noche y tener dificultad para volver a dormirse o un despertar muy temprano por la mañana.

¿Cuánto se debe dormir? Se estima que un adulto debería dormir unas 7 u 8 horas -los chicos y jóvenes un par de horas más- pero además con una calidad reparadora que permita tener la sensación de haber descansado.

Dormir bien es una necesidad imprescindible. A veces no se logra por enfermedades que perturban el sueño (dolores, diversos problemas físicos, preocupaciones) y que producen alguna forma de insomnio. Pero también es necesario subrayar que no dormir bien es una enfermedad en sí misma que, a su vez, puede producir o agravar otro tipo de enfermedades, como diabetes, sobrepeso, hipertensión. Es decir, dormir mal no solo es algo incómodo sino que además, per se, enferma.

Si estos síntomas se presentan de manera conjunta la salud se verá indefectiblemente comprometida, a veces de manera severa.
 

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