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12/04/2015
COMO GANARLE AL INFARTO
 
 
En el año 1768 W. Heberden hizo una magistral descripción de la angina de pecho y de las características comunes de personalidad que tenían sus pacientes. En la actualidad, los cardiólogos no solo atienden la enfermedad coronaria sino que también le prestan especial atención a los rasgos de personalidad de sus enfermos. La mayoría son personas muy competitivas; enérgicas, siempre apuradas y urgidas por no desperdiciar el tiempo; viviendo por conseguir más en menos tiempo; superan los obstáculos sin medir los costos; se mueven continuamente; comen con rapidez; se impacientan con la lentitud de los demás; piensan o hacen dos cosas a la vez y no valoran mucho el tiempo libre.

Hoy se sabe que estos mecanismos resultan factores claves tanto en la aparición de la enfermedad como en su futura evolución.
¿Qué suele ocurrir con pacientes con este perfil que sufren un infarto de miocardio?
En los primeros días en terapia intensiva o unidad coronaria pueden estar preocupados, con noción de la seriedad de su cuadro, tensos y pendientes del monitor, de las pulsaciones, presión arterial, los estudios que se hacen y del control médico o de enfermería. A este sano temor se suma el estar en un ambiente que no controlan, desconocido, un poco hostil por los ruidos, la permanente iluminación y las visitas acotadas de familiares.
Al desaparecer los síntomas y ante una buena evolución es común que del temor pasen a una progresiva negación que le hace restar importancia a su enfermedad y a no valorar bien ni los elementos de riesgos previos ni los cuidados que deberá tener en el futuro. Esta omnipotencia suele convencer al paciente que él va a manejar bien las cosas. Los enfermos cardíacos suelen hacer muchas promesas respecto a cumplir las indicaciones que reciben, a la necesidad de cambiar el estilo de vida, a vivir más relajados, cuidar su dieta, mantener el peso y hacer rehabilitación física. Y aunque lo pongan en palabras y ofrezcan sinceras seguridades al médico y a su familia a muchos les resulta imposible de cumplir. Precisamente, por dos características de personalidad que pueden manejarlo a su pesar. Una, es la capacidad de engañarse a sí mismo y otra, es que suelen desafiar los consejos médicos por su omnipotencia y teorías propias sobre cómo y qué hacer, como que “él sabe mejor que nadie qué es lo que le conviene para estar bien”.
Los pacientes cardíacos con este tipo de funcionamiento dicen no necesitar un tratamiento psiquiátrico o psicológico. En la actualidad, ya es un tema indiscutido que en gran medida el riesgo de vida dependerá de modificar o no esos aspectos de personalidad. Aunque hagan una dieta adecuada, ejercicio físico, no fumen y mantengan un bajo peso es imprescindible modificar el perfil de funcionamiento que lo llevó a infartarse. La importancia de la personalidad ha hecho aparecer la llamada “cardiología de la conducta” por lo aportes que la psicoendocrinología sumó a los grandes avances de la cardiología.
Sin auténticos cambios de la personalidad es muy probable que la historia se repita pero con mayores riesgos.
 

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