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21/07/2013
ANTICIPACIÓN NEGATIVA
 
 
Muchas personas con frecuencia desconocen que padecen de síntomas depresivos y consideran que ciertos malestares que tienen y soportan son reacciones inevitables fruto de las tensiones inevitables de la época actual. Es útil siempre recordar que la depresión suele tener muchos disfraces y diversos prólogos.

Cuando la depresión tiene su frondosidad característica ni el paciente, ni la familia ni el médico suelen tener la menor duda respecto a la existencia de este padecimiento.

Pero la depresión también puede ser un trastorno traicionero y silencioso que se manifiesta con otras expresiones que la transforman en invisible. Uno de ellas, a veces no muy conocida, es lo que se conoce como anticipación negativa que es, en pocas palabras, presuponer que algo va a salir mal y no dudar, en ningún momento, de esa predicción. Ejemplos: “En la fiesta no la voy a pasar bien”, “Mejor no voy porque me puede pasar algo malo”, “Prefiero no hacer el viaje de egresados”, “No llamo porque no va aceptar salir”, “Seguro que tengo algo grave”, “No voy a aprobar el examen”, Mejor me callo porque voy hacer el ridículo”, “Van a elegir a otro”, etc.

Lo fundamental es que se aceptan pensamientos de manera categórica que tienen como denominador común la convicción de que el bienestar o el placer están muy alejados y el sufrimiento o el mal resultado están muy cercanos. Estas suposiciones tienen el valor de verdades incuestionables aunque si se las puede llegar a enfrentar los resultados suelen ser opuestos o mejores de los previstos. Sin embargo, no suelen cambiar la vivencia de fondo que se mantiene incólume, muy sólida y repetitiva. Los argumentos alentadores y bien intencionados de los allegados resultan siempre pobres, insuficientes y hasta molestos.

La mayoría de las desgracias que se imaginan que ocurrirán en el futuro, en realidad nunca llegan a suceder, pero siempre e indefectiblemente terminan amargando el presente. Resulta oportuno recordar al filósofo Lucio Anneo Séneca quien hace más de 20 siglos atrás afirmaba que “El que sufre antes de lo necesario, sufre más de lo necesario”. Hoy la psiquiatría le da la razón: con la anticipación negativa se incrementa la producción y las acciones combinadas de la hormona cortisol y las catecolaminas activando el sistema nervioso autónomo que genera angustias, miedos y pesimismo o síntomas físicos en varios aparatos (cardiovascular, digestivo, respiratorio, muscular, etc.). Conviene pensar en una posible depresión oculta ante cualquier malestar físico donde el diagnóstico del médico suele ser “Ud. no tiene nada”.

La anticipación ante determinados riesgos y peligros nos protege y permite prepararnos lo mejor posible para afrontarlos y activa nuestro cuerpo y mente para responder ante todo lo que compromete nuestra seguridad. Pero cuando las desgracias que anticipa la mente no se afirman en la realidad, son abstractas, infundadas, exageradas o ilógicas, nos paralizan, enferman y limitan poder disfrutar de la vida, tanto propia como la de quienes nos acompañan.
 

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