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15/06/2014
OLVIDO, NO AMNESIA.
 
 
En la vida cotidiana necesitamos de la memoria para todo: recordar nombres, personas, lugares, conversaciones, hábitos, experiencias, realizar las rutinas diarias y participar en las actividades familiares, sociales y laborales.

 Los olvidos se pueden presentar en cualquier edad pero a medida que pasan los años suelen aumentar su frecuencia. Es común entonces, no recordar o tardar en recordar los nombres de las personas, extraviar objetos o tener fugaces momentos de quedarse en blanco. Muchos lo expresan con naturalidad, otros muestran temor o generan chistes sobre “el alemán” (la temida enfermedad de Alzheimer), algunos se preocupan en silencio y tratan de disimularlo.

Un alto porcentaje de personas suelen no consultar, precisamente, por temor a tener algún proceso más serio. La consulta es necesaria ya que aunque los olvidos suelen tener una evolución inofensiva (las estadísticas tienden a demostrar que en un 80 a 90% los casos es un proceso benigno y tratable), también puede ser la fase inicial de algún desorden que conviene atender con rapidez.

Tan frecuente resulta este trastorno que en 1986 el Instituto Nacional de Salud de los EE.UU. lo llamó “Deterioro de memoria asociado con la edad”. Lo característico es que se afecta la memoria nominal (nombres propios) y reciente y no compromete la memoria de largo plazo o antigua. Se suele acompañar de un procesamiento más lento de la información ante situaciones de estrés o cuando se deben realizar varias tareas a la vez. Sin embargo, ni los conocimientos, ni la capacidad de habla ni el vocabulario se ven afectados.

De igual manera que el cuerpo cambia con la edad, también lo hace el cerebro con una normal pérdida de neuronas y una menor fabricación de elementos químicos y hormonales necesarios para su adecuado funcionamiento.

Por otro lado -además de la edad- otras cifras también son contundentes para explicar los olvidos: el 10% de las personas mayores de 65 años pueden sufrir depresión o ansiedad (muchas veces oculta) y el 25% sufrir alguna otra enfermedad (hipotiroidismo, carencia de ciertas vitaminas o minerales, enfermedad intestinal, hipertensión, deficiente hidratación) o recibir determinados medicamentos que afectan la memoria. Lo mismo que quien atraviesa un duelo por una pérdida afectiva, se siente solo o está aislado. Obviamente, el tratamiento adecuado de estas afecciones suele corregir los olvidos mientras que su desconocimiento puede prolongarlos o hacer que se confunda el diagnóstico.

Dado que en medicina, prevenir es mejor que curar resulta importante que un especialista evalúe si se trata de un proceso normal por los cambios típicos de la edad -existen exámenes específicos para eso- o si por el contrario son expresión de modificaciones atípicas que ameritan un tratamiento diferente y precoz para evitar un empeoramiento del trastorno con el tiempo. No conviene confundir lo preocupante con lo serio. Por eso, lo mejor que se puede hacer es dejar las dudas y temores de lado y consultar con su médico.

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