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22/06/2014
ATAQUES DE BRONCA
 
 
Hay personas que a veces se comportan de un modo sorprendente: de ser correctos, afables y tranquilos en su trato diario, pueden enojarse por una nimiedad y reaccionar con una agresividad desproporcionada al estímulo que la ocasiona. Este “ataque de bronca” suele ser desencadenado por una causa menor (opinión que no agrada, discusión de tráfico, mala noticia, conflicto en el trabajo) pero que se vive como una ofensa personal. Al no ser personas habitualmente violentas o agresivas, su conducta resulta por lo común incomprensible para quienes los rodean.

 Como corolario de estos episodios, se producen conflictos o deterioros importantes en las relaciones afectivas, familiares, laborales y sociales. Dado que no se reconoce que se trata de un desorden emocional anormal, no se suele consultar salvo que se llegue a complicaciones jurídicas de cierta importancia que exija la intervención de un especialista.

Estos “cortocircuitos” agresivos tienen causas psicológicas o físicas. Dentro de las primeras, las personas suelen reaccionar en forma impulsiva, hostil o agresiva cuando sienten atacado su ego o su autoestima, elementos que siempre participan en la relación con los demás. Por lo tanto, serán más vulnerables quienes tengan menor autovaloración, se sientan inseguros o sean dependientes emocionalmente de familiares o amigos. A mayor vulnerabilidad, mayor agresividad. Según los expertos, una persona reaccionará impulsiva y precipitadamente con conductas de hostilidad verbal o violencia física si se siente devaluada, intimidada, exigida, criticada, maltratada o manipulada. La reacción es automática y visceral y no meditada o racional al confundir comentarios sobre un hecho determinado con una valoración negativa sobre su persona.


Dentro de las causas físicas pueden ser múltiples las razones. Vale mencionar ciertos desajustes hormonales (exceso de cortisol, testosterona, hormona tiroidea), alteraciones en los ritmos cerebrales, sueño nocturno insuficiente o de mala calidad, situaciones de estrés prolongadas, dilatada insatisfacción sexual, consumo exagerado de alcohol, traumatismos de cráneo, entre otras. Causas que pueden ser detectadas con estudios adecuados.


También es importante destacar las consecuencias que ocasionan los ataques de bronca. Investigadores de salud pública de la U. de Harvard demostraron que en las dos horas que siguen a una crisis de rabia, existen tres veces más probabilidades de desarrollar una crisis de hipertensión, seis veces más de sufrir un infarto de miocardio -aun a edad temprana- o el triple de padecer una embolia cerebral. Un dato de trascendencia es que el resultado es acumulativo: cuanto más seguido alguien se enfade, mayor será el riego de tener alguna de estas complicaciones. También informaron a la revista European Heart Journal que quienes tenían factores de riesgo preexistentes o antecedentes cardiovasculares eran aun más susceptibles a estas consecuencias.

Por lo tanto, quien tenga frecuentes ataques de bronca debe consultar, sin la mínima duda, con su médico de cabecera o con un especialista.

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