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01/06/2014
ESPERANDO LO PEOR
 
 
La inquietud suele empezar con la pregunta “¿Qué pasaría sí…?”, que se instala en la mente. Muchas personas sufren por anticipado a raíz de una excesiva imaginación que los apresura a sacar conclusiones, presuponer peligros inminentes y pensar que va a ocurrir lo peor. Por ejemplo, detrás del “avísame que ya llegaste” suelen esconderse miedos infundados y persistentes con la ansiedad que suele desbordar a quien espera y necesita del llamado para encontrar tranquilidad. Se hablan a sí mismos y pasan cosas tremendas por su cabeza, tendencia que resulta una tortura mental porque al no poder tolerar la incertidumbre, la pre-ocupación resulta la manera de tener certezas sobre los sucesos que lo afligen.

 Mentalmente imaginan distintos escenarios posibles para cada eventual problema en un mal intento de búsqueda de garantías y seguridades. En esos diversos escenarios alternativos posibles se supone siempre lo peor y la aflicción suele ser la consecuencia y el mecanismo para estar preparado ante lo malo, no estar desprevenido y estar listo aun al costo de sentirse anímicamente muy angustiado. Existe la pretensión fallida de controlar y estar al tanto de lo que hace el otro, conocer donde está, con quien, que está haciendo, para apaciguar los pensamientos negativos. El otro, a su vez, se ve en la obligación de informar para llevarle tranquilidad ya que si no lo hace se puede sentir culpable y si lo hace, sentirse enojado. La finalidad es despreocupar al preocupado para que su ansiedad no lo desborde.

En años anteriores se consideraba que esta tendencia de imaginar y anticipar siempre riesgos y peligros dependía de un tipo de personalidad. En la actualidad se lo califica como un trastorno de ansiedad que se llama, precisamente, Trastorno de Ansiedad Generalizada (con la sigla TAG) que en pocas palabras significa que la ansiedad se adueñó de una persona. Tres son sus manifestaciones típicas: 1) la preocupación constante, excesiva ante peligros imaginarios, 2) la imposibilidad de manejar o controlar la ansiedad y 3) síntomas físicos como tensión muscular, contracturas, dolores diversos, palpitaciones, alteraciones digestivas, dificultad para dormir, sensación de tener la cabeza pesada, inquietud. Estos síntomas ocurren porque la imaginación genera idénticas repercusiones que un hecho real y se incrementa, en consecuencia, la producción de adrenalina, de otras hormonas y sustancias químicas que preparan al cuerpo para enfrentar el peligro. Las consecuencias de la vivencia de fatalidad y hechos imaginados inevitables producen a nivel cerebral y físico las mismas reacciones que si los hechos ocurrieran.

En psicología se llaman distorsiones cognitivas a los modos de interpretar la realidad que son desacertados o extremos y conducen a estados anímicos desagradables. Lo que afirmaba W. Churchill: “Me pasé más de la mitad de mi vida preocupándome por cosas que jamás ocurrieron” es un inconveniente que también le ocurre a muchas personas. Y que enferma.

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