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08/06/2014
CARICIAS Y CRIANZA
 
 
En los últimos años se realizaron interesantes investigaciones sobre la oxitocina, una hormona que fabrica el cerebro y que tiene activa participación para crear fuertes vínculos de afecto con otras personas, en brindar calma y relajación y en la sexualidad. Su efecto es opuesto a la de las hormonas del estrés (adrenalina y cortisol) que desencadenan las típicas conductas de lucha o de huida ante situaciones peligrosas.

 Los obstetras ya la conocían por ser inductora del parto y la lactancia pero en la actualidad su atención se trasladó a sus acciones de favorecer la relación madre-hijo y resultar un elemento clave durante la crianza. Por tal motivo, sus efectos también son de interés de psicólogos y psiquiatras. Producida en el cerebro la oxitocina, a su vez modifica y estimula las conexiones entre las neuronas y genera las redes nerviosas vinculadas con el afecto, la confianza mutua y la falta de hostilidad. Así, es una hormona clave para la vinculación entre los seres humanos, facilitar la empatía y el compromiso colaborativo en la vida social.

¿Pero qué ocurre si falta? Una preocupación importante en la salud pública es la depresión posparto, que la padecen un 15% de las mujeres después del nacimiento del bebe. Muchas veces es un acontecimiento que pasa desapercibido o no se le brinda la debida importancia por presuponer que es un evento pasajero de corta duración. En la mujer embarazada un bajo nivel de oxitocina en los últimos tres meses del embarazo predice la depresión posterior al parto.

El bajo nivel de oxitocina en la mamá deprimida repercute en una escasa producción de oxitocina en el recién nacido comprometiendo entonces, por ambos lados, lo que debería ser un vínculo de una crianza sincrónica.

Un trabajo de investigación publicado en American Journal of Psychiatry de febrero último demuestra el impacto de la deficiencia de esta hormona durante la depresión materna posparto y la repercusión que puede tener sobre el niño durante los primeros seis años de vida (tiempo que duró el seguimiento en este estudio). En tal sentido se comprobó que los niños pueden tener: 1) mayor vulnerabilidad a sentir ansiedad y depresión, 2) conductas oposicionistas y hostiles, 3) deficiencias neurocognitivas y de aprendizaje y 4) conductas de mala adaptación social.

A la inversa, otra investigación realizada en la Universidad de Leiden (Holanda) demostró que después de la administración nasal de oxitocina, los padres que la recibían estaban más atentos y respondían mejor a las demandas de sus hijos que aquellos padres que no la habían recibido.

Es interesante destacar que el nivel de oxitocina también aumenta de manera natural en el padre después del parto -de manera similar a lo que ocurre en la madre- lo que facilita que se pueda vincular más y mejor con su hijo por estar más atento y receptivo a las necesidades del bebé. El disparador universal que aumenta la producción de esta hormona es el contacto físico por lo que las caricias adquieren así un valor de suma importancia terapéutica.

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