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18/05/2014
FÁCIL DE EMPEZAR, DIFÍCIL DE DEJAR.
 
 
El 31 de mayo es la fecha que fijó la OMS para celebrar el Día Mundial sin Tabaco, iniciativa para recordar los daños que produce el cigarrillo, sea en fumadores activos o pasivos (no fumadores).

 En 1964, el informe Smoking and Health relacionó por primera vez el

tabaquismo con el cáncer de pulmón. Gracias a él, un año después, el gobierno

de EE.UU obligó a los fabricantes de cigarrillos a advertir en los envases sobre

los riesgos de su consumo. Sin embargo, todavía en ese país el cigarrillo

ocasiona más muertes que la suma de las producidas por el consumo de

alcohol, drogas, accidentes automovilísticos, asesinatos, suicidios y SIDA.

En Argentina se estima que ocasiona una muerte cada 15 minutos y gastos

sanitarios por 21 mil millones de pesos (el 12% del monto que se gasta en

salud por año y casi el 1 por ciento del PBI).

 

En los últimos 22 años se han producido avances importantes para tratar

el tabaquismo. En 1992, el Instituto de Salud de los EE.UU. constató que

todo el presupuesto asignado al tratamiento de 20 millones de fumadores

con psicoeducación y grupos de autoayuda, había logrado que solo el 3%

abandonaran el hábito de fumar. Se complementó entonces con tratamientos

farmacológicos y a partir de 1993 se empezaron a usar los parches dérmicos

de nicotina, aumentando a un 12% la cantidad de pacientes que dejaron de

fumar. Se fundamento era (y es) continuar con el aporte cerebral de nicotina

-que es muy adictiva- pero sin que se inhalen las otras sustancias tóxicas del

cigarrillo (más de 4000, 65 cancerígenas) para ir disminuyendo, de manera

progresiva, con parches de concentraciones menores de nicotina.

Al fumar, la nicotina se absorbe inmediatamente, llega al cerebro en 7 a 10

segundos y actúa en los llamados “receptores nicotínicos” que aplacan el

deseo de fumar y dan placer. La terapia sustitutiva de nicotina con parches,

chiclets o pastillas apunta entonces a que la nicotina actúe de manera similar

a cuando se fuma sin sentir los síntomas de abstinencia ni padecer los efectos

tóxicos.

 

El posterior descubrimiento de que la nicotina aumenta los niveles cerebrales

de dopamina permitió encarar otros tratamientos. En 1999 se comenzó a

utilizar un fármaco antidepresivo, el bupropión, que incrementa la dopamina

y actúa en los mismos centros cerebrales que la nicotina atenuando la

compulsión a fumar.

 

El último fármaco que se descubrió es la vareniclina, que se une a los

receptores α4β2 cerebrales y produce tres efectos: disminuye el deseo de

fumar al competir con la nicotina, cercena los efectos de la abstinencia y

bloquea la acción placentera del cigarrillo.

 

Se estima que se pierden 5,5 minutos de vida por cada cigarrillo que se

fuma. Por lo tanto, una persona de 65 años que fuma un paquete por día, su

expectativa de vida disminuye entre 3 y 5 años, respecto a una no fumadora de

la misma edad.

 

En la actualidad, los recursos farmacológicos mencionados junto a los

psicoterapéuticos permiten que dejar de fumar no resulte una misión imposible.

Con ayuda adecuada, quien quiere, puede.

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