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20/04/2014
LAS CEBRAS NO TIENEN ÚLCERAS
 
 
¿Por qué las cebras no tienen úlcera? se titula un libro de R. Sapolsky, un destacado investigador de la U. de Stanford (EEUU) y su conclusión final parece sencilla: porque no tienen estrés. Explica, con exhaustivos detalles, que tanto para la cebra -como para todos los restantes animales- lo que en realidad sienten es miedo a todo aquello que ponga en riesgo su vida, sea el ataque de otro animal o cualquier otra amenaza (temperaturas extremas, temblores de tierra, falta de alimentos, etc.). En tales circunstancias en los animales se ponen en marcha respuestas defensivas características y programadas en el organismo que disparan sustancias químicas y hormonales específicas que activan el sistema nervioso, aceleran el ritmo cardíaco y aumentan el nivel de energía para salvar la vida al huir de la situación de peligro. En el caso de la cebra, si un león pretende devorarla, correrá para salvarse y, si lo logra, muy pronto se olvidará del hecho y volverá a pastar con tranquilidad hasta que aparezca un nuevo peligro. Es decir, sienten miedo, actúan en consecuencia pero cuando pasa la amenaza no queda un registro negativo de ella.

 Este recurso espontáneo, sencillo y normal no funciona de igual manera en los seres humanos ya que al disponer de la capacidad de pensar suman, a una posible amenaza real, sus pensamientos que le permiten anticipar pero también imaginar o agrandar los potenciales peligros, aunque estos después no se concreten. El antiguo dicho español “no ponerse la venda antes de haberse lastimado”, apunta precisamente a la frecuente tendencia humana de anticiparse de manera preocupante a eventos que no suceden y que quizás nunca ocurran.

La imaginación y la anticipación, aptitudes humanas imprescindibles para planificar y organizar la vida, tiene su contracara negativa cuando generan posibles preocupaciones futuras peligrosas y atemorizantes. Y todos somos expertos en imaginar. El cerebro humano reacciona igual manera ante un riesgo real o imaginario y se activan, indefectiblemente, las hormonas y los circuitos del miedo que llevan a transitar -sin escalas- las rutas del estrés, de la angustia, del pánico o de las somatizaciones. Y terminar así, a diferencia de la cebra, con una úlcera gástrica. O con hipertensión, colon irritable, dolores de cabeza, arritmias, colitis, insomnio, contracturas musculares, falta de concentración, olvidos, problemas sexuales, etc. Con el agravante de que la consecuencia del estrés actual podrá ser también causa de estrés posterior. Por ejemplo, quien duerme mal por estar estresado, su insomnio, a su vez, será un motivo extra de estrés para el día siguiente.

Los pensamientos siempre se acompañan de respuestas fisiológicas que activan los sistemas de alarma y ocasionan que el cerebro requiera de una enorme cantidad de energía ante hechos, reales o ficticios, que registra como peligrosos con diversas consecuencias posibles.

Conviene entonces realizar un adecuado enfrentamiento de las vicisitudes que aporta la vida para no afectar la salud física o emocional.

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