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09/02/2014
CICLOTIMIA
 
 
La ciclotimia se caracteriza por la persistente oscilación del estado de ánimo que, sin razones aparentes, sube y baja caprichosamente. Quien la padece pierde la seguridad en sí mismo al dudar en asumir compromisos ante la incertidumbre de poder cumplirlos.

 Este trastorno afecta por igual hombres y mujeres y suele empezar en la adolescencia, entre los 15 y 25 años. Sin embargo, en algunas investigaciones retrospectivas sobre niños, ciertas conductas y/o oscilaciones en el rendimiento escolar resultaron precoces cambios que anunciaban una futura ciclotimia.

En general, el estado de ánimo de cualquier persona tiende a ser más o menos estable, con esperables oscilaciones que dependerán de los hechos o experiencias que la vida le depare. En la profundidad del cerebro humano se halla el sistema límbico, un conjunto de estructuras y de circuitos cerebrales que cumplen la tarea de regular precisamente, las emociones haciendo que éstas sean las adecuadas frente a los diversos estímulos externos o internos cotidianos.
Pero en el individuo ciclotímico, el sistema límbico resulta ser muy sensible y más vulnerable a los factores que implican una sobrecarga física (falta de sueño, un parto, consumo de tóxicos, etc.) o emocional (conflictos familiares, problemas laborales o económicos, ruptura de una relación amorosa, etc.), lo que lo lleva a padecer alteraciones del humor. La oscilación del sistema límbico ocasiona que la persona alterne episodios de bajones anímicos y falta de energía, con otra fase de estabilidad seguida de otra etapa de mucho bienestar, actividad plena, generación de proyectos y una vida social dinámica y plena.

Dado que el sistema límbico también es el encargado de regular el hambre, el deseo sexual y el sueño nocturno, cuando una persona con ciclotímia varía en su estado de ánimo, estas funciones también se ven modificadas.

Durante décadas, lo que ahora se llama trastorno ciclotímico, fue considerado como una cuestión de temperamento inestable ya que el rasgo característico es la presencia de cambios anímicos. En la actualidad, en cambio, se lo evalúa como una versión minúscula del trastorno bipolar, con un sistema límbico oscilante que perturba el adecuado equilibrio emocional.
En última instancia, la estabilidad de este sistema cerebral depende de una combinación de sustancias químicas cerebrales, hormonas, iones y neuromoduladores que acompañan a una predisposición genética. En determinadas personas la suma de factores psicológicos y/o ambientales tiende a descompensar el natural equilibrio que lo regula.

Por tal razón el tratamiento con fármacos estabilizadores del estado de ánimo suelen ser eficaces. Pero no debe ser el único tratamiento. Como consecuencia de la importancia de las experiencias infantiles, la historia personal, las pérdidas acaecidas, las experiencias traumáticas, etc., que también juegan un poderoso papel en la desestabilización del sistema límbico la psicoterapia debe formar parte, sin ninguna duda, de un integral esquema terapéutico.

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