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26/01/2014
FLORA INTESTINAL Y CEREBRO.
 
 
Las bacterias intestinales son una parte integral del organismo, con funciones muy activas y su composición depende básicamente de los alimentos que se ingieren.

 Cada vez más existen evidencias que la flora intestinal desempeña un papel clave no solo en la salud física sino también en la psicológica y emocional de las personas.

Una investigación publicada en Gastroenterology (junio de 2013), afirma que la flora intestinal “tiene implicancias significativas para mejorar la función cerebral por medio de intervenciones alimenticias”. “Hay estudios que demuestran que lo que comemos altera la composición de la flora intestinal. Ahora sabemos que esto tiene un efecto no sólo sobre el metabolismo sino que también afecta la función cerebral.”, afirma E. Mayer, jefe del equipo de investigación.
La flora intestinal es muy sensible a la alimentación: si se consume excesiva cantidad de azúcar, alimentos transgénicos y/o muy procesados o bebidas con mucha fructosa, estos tienden a destruir la flora saludable y “alimentan las bacterias malas”.
En el cuerpo humano existen dos sistemas nerviosos: 1) el sistema nervioso central (conformado por el cerebro y la médula espinal) y 2) el sistema nervioso entérico (el sistema nervioso intrínseco del tracto gastrointestinal).
Ambos están conectados por medio de un nervio muy importante -llamado nervio vago o décimo par craneal- que es el responsable de unirlos como una suerte de autopista principal y las bacterias del intestino lo estimulan para traspasar la información al cerebro. Un dato de sumo interés es que el intestino manda más señales al cerebro que el cerebro al intestino. Y es una de las razones para comprender porque los trastornos intestinales generan con frecuencia estados de ansiedad y/o depresión. Este concepto va un poco a contra mano del enfoque clásico, respecto a que las alteraciones del sistema nervioso central son las que repercuten sobre el estado intestinal.

En este marco, en los experimentos se comprobó como los probióticos (microorganismos vivos que al ser agregados como suplemento en la dieta, favorecen el desarrollo de la flora microbiana en el intestino) tranquilizaban a ratones con colitis infecciosa, incrementaban los niveles de GABA (una sustancia química tranquilizante que fabrica el cerebro) y disminuían las hormonas del estrés, el frecuente paso previo para la inducción de cuadros de ansiedad y depresión. Al seccionar el nervio vago, estas acciones no se producen lo cual confirma la importancia de este nervio en la interacción intestino-cerebro.

Aunque a muchos les cuesta concebir que la flora intestinal pueda tener un impacto positivo o negativo en la función cerebral y en la conducta humana , los estudios en animales contribuyen a reforzar el concepto de la existencia de un eje intestino-cerebro. Y algunas enfermedades podrían estar en el centro de esa conexión. Lo cierto es que un aparato digestivo sano ayuda y mucho a tener estabilidad emocional, que a su vez influye en sostener un sólido sistema inmunológico.

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