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15/12/2013
¿SPRAY NASAL PARA LA TIMIDEZ?
 
 
Muchas personas se sienten incómodas, asustadas, nerviosas, poco seguras y les cuesta hablar frente a los demás. Algunos lo disimulan con habilidad pero el sufrimiento suele ser intenso; otros, padecen inhibiciones que comprometen su funcionamiento social al temer hablar en público, emitir opiniones o críticas, formular exigencias o participar en una discusión. Suelen sonrojarse con facilidad, hablan poco, evitan mirar a los ojos y sonríen de manera insegura. Todo un problema ya que los seres humanos somos seres sociales y la timidez tiende a aislarnos.

 El origen de la timidez proviene de la propia historia personal. Los estudios psicológicos demuestran que los individuos que la padecen suelen surgir de un entorno familiar regido por padres sobreprotectores pero, al mismo tiempo, hipercríticos y restrictivos. En ese contexto, el niño se desarrolla con la vivencia de ser controlado en su accionar y bajo el riesgo constante de ser criticado o rechazado.

Dado que la seguridad y la confianza del niño se forman a través del reconocimiento de sus progresos, cuando los padres son excesivamente rígidos, emplean el reproche constante, no saben demostrar cariño y ternura, probablemente conformarán niños inseguros y temerosos. Un niño sometido a constantes órdenes impartidas, no aprende a accionar de manera libre, con iniciativa y vive pendiente de la opinión de los otros.
Si son niños sobreprotegidos por el temor a que les suceda algo malo, pueden no ser espontáneos, imaginativos, seguros y decididos, lo cual suele hacerse evidente al comenzar la escolaridad, el primer ámbito de sociabilización.

A través del tiempo y la educación, las neuronas adquieren una diferenciación particular, ya que la incorporación de experiencias deja su correspondiente registro cerebral. Son las huellas biológicas de la biografía personal. La memoria emocional almacena los recuerdos de esos sucesos de la crianza que repercutirán después, en la adultez, en las formas de comportamiento.

La investigación científica apunta a descubrir factores orgánicos además de los psicológicos. Una de ellas centró el estudio en una hormona, la ocitocina, utilizada desde años tanto para inducir como para acelerar el trabajo de parto.

En los últimos tiempos se constató sus efectos sobre el comportamiento en los animales y de manera especial en la conducta materna en relación con el vínculo y la lactancia, favoreciendo de manera positiva las conductas de apego.

Mark Ellenbogen, investigador canadiense, realizó estudios
en humanos con esta hormona usándola en forma de spray nasal. Afirmó que “nuestro estudio es el primero en constatar que la hormona hace a las personas más abiertas, sociables y mejora la autopercepción cuando se está en compañía de más gente" y que "altera la forma en la que las señales sociales en el entorno externo son procesadas, codificadas e interpretadas”.

Aunque interesante, aun está en etapa de investigación. Pero no se debe olvidar la complejidad humana ni los factores psicológicos, vinculares y culturales que modelan nuestra conducta.

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