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08/12/2013
¿ENFERMEDADES O ENFERMOS?
 
 
Hipócrates, considerado el padre de la Medicina occidental, afirmó en el siglo V a.C. que el médico debía realizar un tratamiento que enfocara a la totalidad del ser humano. “No hay enfermedades, sino enfermos”, decía. Su aforismo implica todavía que todo médico para tratar cualquier enfermedad debe hablar y conocer a su paciente, sus hábitos, sus inquietudes, su forma de pensar y sentir, su contexto social y todo aquello que sea útil para individualizar a quien lo consulta. Exactamente a la inversa de la frase del famoso Dr. House -de la serie televisiva- que expresa que “no tratamos enfermos sino enfermedades”.

 En la mayoría de los casos (salvo los trastornos genéticos o congénitos), una enfermedad no aparece porque sí, suele tener una razón de ser, un sentido y su presencia se vincula con la biografía y personalidad de quien la padece.

La personalidad resulta un elemento clave y ella define el conjunto de hábitos y patrones de conducta que desarrolla un individuo desde niño y que mantendrá después durante su vida, configurándose así de manera diferente a los demás. R. Larsen, en su “Introducción a la Psicología”, define la personalidad como “el conjunto de rasgos psicológicos y mecanismos dentro del individuo que son organizados y relativamente estables, y que influyen en sus interacciones y adaptaciones al ambiente intrapsíquico, físico y social”. Si los rasgos de personalidad resultan rígidos, no son adaptativos, ocasionan un malestar subjetivo, perturban el funcionamiento del sujeto o inducen enfermedades, se conforma en algo patológico que se llama “trastorno de personalidad”.

A título de ejemplo, los cardiólogos saben que las enfermedades cardíacas no solo son ocasionadas por factores de riesgo como el tabaquismo, la hipertensión, el colesterol elevado, el sedentarismo o el sobrepeso sino que valoran mucho la personalidad del paciente.
Ellos se destacan por su agresividad ( son irascibles, hostiles, tensos, irritables, descalificadores del éxito de los demás, problemáticos, dominantes y autoritarios), la hiperactividad (enérgicos, impulsivos, hacen rápido las cosas y más de una a la vez, siempre están apurados, sienten el ocio como una pérdida de tiempo y no les gusta que lo hagan esperar),la competitividad (ambiciosos, obstinados, buscan triunfar, sobresalir, compiten siempre con los demás, el trabajo es fundamental en su vida, les cuesta delegar responsabilidades o tareas en otras personas y su fin es el rendimiento más que el placer de la actividad que hacen), el egocentrismo (sus opiniones e intereses son los más válidos e importantes, les cuesta ponerse en el lugar del otro, son interesados, presuntuosos, egoístas, narcisistas y con un marcado afán de protagonismo), la dureza ( con dificultad para reconocer y expresar sus emociones, pocos empáticos, insensibles, fríos en sus decisiones y con pensamientos rígidos y concretos).

En resumen, la personalidad del paciente siempre es un factor relevante al tratar todo tipo de enfermedades, sean digestivas, respiratorias, dermatológicas, oncológicas, etc.

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