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01/12/2013
LAS RUTAS DEL DOLOR
 
 
El dolor garantiza la vida ya que resguarda la integridad del organismo al permitir que un individuo se aleje o trate de eliminar todo estímulo que lo genere. El dolor es una de las causas más frecuentes y más personales por las que se busca atención médica al el síntoma más común por el que las personas juzgan por sí mismas que tienen una enfermedad.

 El cuerpo humano tiene terminaciones nerviosas encargadas de percibir el dolor que están distribuidas prácticamente por todo el organismo -llamados nocireceptores (noci=dolor)- cuya función es alertar al sistema nervioso que una región del organismo está expuesta a una situación o estímulo que lo puede dañar.

La consecuencia de la estimulación de los nocireceptores es la desagradable experiencia sensorial que llamamos dolor y sobre él influyen el psiquismo, las experiencias previas y el estado de ánimo. Respecto al estado de ánimo, y a título de ejemplo, el dolor será diferente en un jugador que se lesiona en el momento de concretar un gol, que si el mismo jugador sufre la misma lesión en la mitad de la cancha por una patada del adversario. Si se traslada el ejemplo a la vida cotidiana un mismo dolor será más intenso si la persona está ansiosa, angustiada o deprimida que si está de mejor humor.

Los nocireceptores y el dolor, aunque sin duda emparentados, también pueden funcionar de manera independiente. A veces puede no haber dolor o ser muy escaso aunque los nocireceptores estén muy activados (en accidentes muy graves o en lesiones de guerra) o, por el contrario, el dolor puede ser muy intenso sin que exista de manera aparente la estimulación de los mencionados receptores.

Sin embargo, a veces el sistema del dolor se altera y determina que perdure más tiempo o que su intensidad sea desproporcionada. En tal caso, el dolor deja de tener una función protectora y se transforma en un trastorno en sí mismo por ser persistente.


El dolor puede ser agudo y punzante o crónico, difuso y profundo. Ambos tienen diferentes fibras nerviosas que conducen el estímulo primero a la médula espinal y desde ahí al cerebro. Las que producen el dolor agudo (una quemadura) son las llamadas fibras “mielínicas Ad” que hacen que los impulsos dolorosos se transmitan a muy alta velocidad (20 metros por segundo). En cambio, las responsables del dolor crónico se designan “amielínicas c” y lo hacen a una velocidad unas diez veces menor (no más de 2 metros por segundo). Estas están más activas en los dolores de cabeza, la artritis, el colon irritable o en diversos dolores musculares.

En pacientes con dolor crónico la consulta psiquiátrica es muy necesaria ya que el dolor se vincula mucho con el sistema nervioso, porque diversos psicofármacos son eficaces para su tratamiento y además casi siempre se asocia con depresión, angustia, irritabilidad o insomnio. De igual manera, la psicoterapia es fundamental, porque la mente, influida por la historia personal y las condiciones de vida, participa en la intensidad de percepción del dolor, en especial, cuando es un fenómeno central de la existencia.

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