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27/10/2013
LA PIEL Y EL CEREBRO
 
 
La piel es un gran escudo protector del que dispone nuestro cuerpo. Tiene una superficie de 2 metros cuadrados, pesa cerca de 6 kilos y contiene más de 4 millones de receptores sensibles -para el tacto, la presión, la temperatura y el dolor- que captan esa información y la envían al cerebro para que este la procese y reaccione en consecuencia.

 Desde el punto de vista del desarrollo durante el embarazo, la piel y el cerebro

son como hermanos ya que provienen de un mismo tejido, llamado ectodermo,

lo que explica la intensa vinculación existente entre ellos. Por eso, la piel logra

“hablar” de angustias, miedos y alegrías más de lo que se podría suponer

y funciona como una gran vidriera del estado anímico de una persona: la

cara se pone colorada por vergüenza, palidece ante el miedo o el pánico y

se humedece ante la ansiedad. Y explica que casi la mitad de las personas

que consultan a un dermatólogo tenga algún malestar psicológico o anímico

asociado.

Los avances del conocimiento muestran que ante fuertes estados emocionales,

la liberación de sustancias químicas del sistema nervioso y los cambios

hormonales que se producen en consecuencia pueden provocar, por ejemplo,

el empeoramiento del acné, la psoriasis o la caída del cabello. Lo interesante

es que lo inverso también existe, ya que la piel desata la liberación de

sustancias químicas que actúan sobre las emociones. Es lo que ocurre cuando

ante caricias, besos o abrazos se generan sustancias cerebrales que producen

placer y bienestar.

De todas maneras, a pesar de la franca vinculación entre la piel y el cerebro

no permite afirmar todavía el origen psicológico de muchas enfermedades

de la piel, ya que aun resulta complicado diferenciar que es causa y que

es consecuencia, como en la psoriasis o el acné. Sin embargo, estudios

en pacientes con psoriasis demostraron que un 62% de ellos reportaron

sentimientos negativos y de discriminación sobre todo si las lesiones están en

partes visibles y en el 44% les implicaba una restricción en su vida social con

sentimientos de vergüenza, timidez, baja autoestima o estigmatización. Para

muchos, existe aún una suerte de falsa creencia de que las enfermedades de

la piel son contagiosas o atribuibles a falta de aseo o cuidado personal.

“No sería exacto decir que el malestar emocional sea ni causa ni efecto de

las enfermedades de la piel. Lo que sí puede afirmarse es que entre un 30%

y un 40% de las consultas de dermatología están asociadas con estados

emocionales alterados debidos al estrés" afirma la psicóloga española

I. Larraburu. También agrega que una gran proporción de los pacientes

dermatológicos padecen algún grado de depresión, sea oculta o manifiesta.

A pesar de la indiscutible e intensa relación entre la piel y el sistema nervioso,

es muy común que los pacientes con enfermedades de la piel traten de

desvincular su trastorno de factores nerviosos o emocionales, llegando incluso

a rechazar cualquier consulta que apunte a lo psico-neuro-endocrinológico.

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