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13/10/2013
LAS CAUSAS SON IMPORTANTES
 
 
En medicina siempre se intentan encontrar las causas que generan una enfermedad para lograr así un tratamiento más preciso y efectivo. Si estas causas no son detectadas, los recursos terapéuticos se limitan a aliviar solo los síntomas pero no los motivos que los producen. Este enfoque implica, ante toda enfermedad, detectar su etiología.

 Sin embargo, en psiquiatría a veces todavía es frecuente que solo se apunte

a aliviar los síntomas que afectan al paciente indicando medicamentos y/o

psicoterapia para ese fin.

Si la entrevista personal es la base fundamental de toda consulta médica es

en psiquiatría donde la misma ocupa un lugar principalísimo. Sin embargo,

conviene que no sea el único recuro sobre lo que se base el diagnóstico y el

tratamiento, ya que no es lo mismo tratar los síntomas que tratar las causas.

Por ejemplo, similares síntomas depresivos pueden tener diversos orígenes

subterráneos que los generan. Pueden ser por factores hormonales

(alteraciones de la glándula tiroides, suparrenal, ovarios, testículos, etc.),

virales (citalomegalovirus, Epstein-Barr, etc.), inmunológicos (artritis

reumatoidea, lupus), neoplásicos (cáncer de diversos órganos en sus

inicios), neuroquímicos (cambios en la serotonina, dopamina, MAO, etc.),

clínicos generales (anemias, deficiencias de vitaminas o minerales, etc.),

medicamentos diversos en uso, entre otros. Aunque la lista podría extenderse,

lo importante es saber que casi el 50% de los cuadros depresivos responden a

factores físicos que muchas veces no se detectan por no ser investigados.

Es decir, aunque los síntomas sean muy similares en apariencia, suelen tener

causas y mecanismos diferentes que los generan. En consecuencia, si un

tratamiento se fundamenta solo por lo que surge de las entrevistas puede llevar

al fracaso, a probar cambios frecuentes del mismo o a la prolongación del

malestar por mucho tiempo.

Para evitar estas alternativas, en la actualidad existen variados estudios que

permiten precisar con mayor claridad las causas de una depresión y facilitar

así la indicación de un tratamiento basado en evidencias que enriquecen la

inicial impresión subjetiva del especialista. Son estudios, por otro lado, fáciles

de realizar y que son cubiertos por casi todas las coberturas médicas.

Este ejemplo sobre la depresión, resulta válido también para otros tipos de

trastornos, sean miedos, obsesiones, ataques de pánico, angustias, dificultades

sexuales, adicciones, etc.

También es una forma de ayudar a una persona a encontrar un fundamento

aceptable para hacer un tratamiento, ya que muchas son reacias a tratarse si

no dispone de alguna evidencia que lo justifique.

Vale aclarar que lo antedicho no excluye, obviamente, la consideración de las

características de la personalidad, los conflictos psicológicos subyacentes ni las

relaciones interpersonales que participan en la vida del paciente.

Los avances en el campo de la salud se han acelerado -incluye a la psiquiatría-

por lo cual mantener técnicas y estilos similares a épocas pasadas resulta ya

difícil de sostener.

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