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29/09/2013
La menstruación y el cerebro
 
 
Desde hace cientos de años, fueron atribuidos a la menstruación diversos cambios en la personalidad de la mujer y en su inestabilidad emocional.

 En realidad, es frecuente que la semana previa a la menstruación genere en

muchas de ellas molestos síntomas físicos y emocionales los cuales mejoran y

desaparecen dos o tres días después del comienzo del sangrado menstrual. Se

conoce como síndrome premenstrual pero si los síntomas son severos recibe

el nombre de Trastorno Disfórico Premenstrual. Las molestias pueden alcanzar

así una dimensión tal que no solo afecta su bienestar sino que se asocia con

ausentismo laboral, conflictos vinculares y mayor consumo de analgésicos o

anti inflamatorios.

Se pueden señalar como síntomas típicos: * tensión, ansiedad, tristeza

o pensamientos negativos; * altibajos anímicos; * irritabilidad; *celos;

*desconfianza;* desinterés en las actividades diarias y en sus vínculos con

los demás; * falta de concentración; * cansancio o falta de energía; * fuerte

deseo de comer; * alteraciones del sueño y * síntomas físicos como distensión

abdominal, tensión mamaria, dolores de cabeza, musculares o articulares.

Estos síntomas pueden afectar mucho la calidad de vida de infinidad de

mujeres. Alguno ha realizado un cálculo interesante: si una mujer menstrua

entre los 14 y 51 años tendría un promedio de 481 ciclos menstruales. Si en

su vida tiene dos embarazos y puerperios, no menstruará unos 22 meses, lo

que totalizaría 459 períodos menstruales. Si se estima un promedio de 6,4 días

con síntomas previos importantes por mes, una mujer podría padecer entonces

2.938 días (más de 8 años) con trastornos durante su vida reproductiva.

Sin embargo, solo 1 de 4 mujeres consultan por este problema, en general, por

considerar que los síntomas forman parte de su condición natural femenina y/o

por desconocer que existen tratamientos para su corrección.

La naturaleza cíclica del trastorno lleva, por si sola, a suponer que los cambios

hormonales son un determinante biológico primario, aunque la relación no es

tan lineal. Las fluctuaciones en los niveles de hormonas ováricas durante el

ciclo menstrual se asocian, en realidad, con repercusiones bioquímicas en

el cerebro, responsables de desencadenar los síntomas físicos y anímicos

mencionados. Se estima por lo tanto que son resultado de la interacción entre

los cambios hormonales, cambios en el sistema nervioso central, en algunos

neurotransmisores químicos y en los sistemas neurohormonales (vaivenes

en el GABA, la serotonina, el sistema renina-angiotensina-aldosterona y la

alopregnanolona).

Para el tratamiento en los casos leves a moderados se recomienda algunas

medidas sencillas, como reducir la ingestión de cafeína, sal, azucares refinados

y tabaco; descansar de manera adecuada y hacer una moderada actividad

física. Pero si los síntomas son de magnitud requiere de un tratamiento

específico, que apuntan a estabilizar los cambios en el sistema nervioso.

Ciertos antidepresivos suelen ser de mucha utilidad aunque no hay depresión.

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