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01/09/2013
MONÓLOGOS INTERIORES
 
 
Todos los órganos del cuerpo funcionan sin detenerse las 24 horas del día, entre ellos el cerebro. Dentro de las complejas funciones que tiene, una de ellas es la de generar un conjunto permanente de pensamientos que, en psicología, se llama flujo de conciencia. El experto y reconocido psicólogo William James lo nombró, oportunamente, como monólogo interior y que se puede describir como un discurso silencioso, sin oyentes, para uno mismo, a través del cual se expresan pensamientos muy íntimos, más cercanos al inconsciente que a cualquier organización lógica y en base a vivencias directas reducidas a lo indispensable.

 Existe una amplia variedad de monólogos posibles pero cuatro de ellos

merecen ser destacados.

1) El monólogo del preocupado: el individuo tiene pensamientos en que se

enfrenta siempre a lo peor, donde todo es una amenaza. Ante cualquier hecho

los pensamientos apuntan al peligro, a lo adverso. El sujeto mantiene una

actitud vigilante y alerta que no le permite estar sereno o equilibrado por su

percepción cercana a la catástrofe. Dentro de varias alternativas posibles, la

peor suele estar en primer plano y todo estímulo supone una amenaza. La

tensión suele ser inevitable con sus consecuencias negativas sobre la salud.

2) El monólogo del autocrítico: en él, de manera continua, el sujeto se juzga

y se reprocha a sí mismo, pasando siempre por alto lo positivo y destacando

lo negativo de su accionar. La autocrítica exagerada suele transformarse en

devastadora para la autoestima ya que ella se genera a partir de una adecuada

valoración propia y al ser excesivamente crítico se sentirá insatisfecho tanto

con su rendimiento como con su habilidad social.

3) El monólogo de la víctima: la persona tiende a pensar en todo lo malo que

le ha pasado y le pasa con la convicción que lo persigue la mala suerte, sin

tener ningún control sobre lo que le sucede, con la convicción que el mundo y/

o los demás se aprovechan de él o le causan daño desempeñando el papel de

perjudicado. Sus problemas nunca tienen una solución satisfactoria por lo cual

vive torturado sin poder alcanzar lo que anhela. Suele rendirse con anticipación

antes que enfrentar un desafío de manera realista. Sus pensamientos

desesperanzados lo pueden llevar a la depresión.

4) El monólogo perfeccionista: sus ideas apuntan siempre a hacer más y mejor

las cosas, con tendencia a llenarse de obligaciones. Valora más el deber que

el placer. Hace esfuerzos permanentes ignorando las señales de alarma de su

organismo por lo cual es propenso a no registrar las evidencias del esfuerzo

y agotamiento. Aunque el perfeccionista suele lograr mejores resultados

paga un precio muy alto por la tensión, el miedo al error y el riesgo al fracaso.

Los trastornos psicosomáticos (cefaleas, colon irritable, dolores corporales,

hipertensión, gastritis, etc.) suelen ser secuelas frecuentes.

Estos monólogos generan un constante estado de tensión que ocasiona un

importante desgaste orgánico, cambios químicos en el cerebro y alteraciones

hormonales.

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