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11/08/2013
CONDUCTAS AUTODESTRUCTIVAS
 
 
En el reino animal solo el humano tiene conductas autodestructivas, entendiendo como tales a todas las acciones que nos generen daño a nosotros mismos. Son más frecuentes de lo que se cree y tienen distintas formas de expresarse: comer en exceso, fumar, beber mucho alcohol, consumir drogas, jugar de modo patológico, sostener relaciones de pareja perjudiciales, no prestar atención a síntomas corporales, mantener vínculos nocivos, no tomar los medicamentos de manera correcta, posponer lo importante, tener accidentes, buscar situaciones de riesgo, etc.

 Tienen tres particularidades: 1) las mismas se realizan a pesar de ser

reconocidas como malsanas, 2) la mayoría están motivadas para encontrar

placer o alivio en el corto plazo y 3) reflejan conflictos internos quizás

desconocidos para el sujeto pero que en ese comportamiento encuentra un

bálsamo transitorio. Sin percibirlo, esa persona tiene un malestar emocional o

psíquico y lo expresa de ese modo dañino en un ineficaz intento de controlarlo.

Quien se daña no es consciente ni de la causa subyacente ni de los eventuales

riesgos que implica, porque los considera comunes actos inofensivos, porque

muchas personas actúan igual y por no darle demasiada jerarquía a sus

posibles consecuencias.

¿Existe algo lo suficientemente placentero detrás de esa conducta

autodestructiva como para mantenerla a pesar de sus reconocidos efectos

negativos? Por lo menos, se debe aceptar que lo que daña conlleva algún

beneficio que hace que no se pueda dejar de hacerlo. Y así uno se puede

convertir en su peor enemigo.

Distintos investigadores han reconocido como causas frecuentes de esas

conductas a los sentimientos de desesperanza, la baja autoestima, la

frustración prolongada, la ansiedad y la depresión, muchas veces oculta.

S. Quiroga (de APA) en una investigación sobre conductas autodestructivas

en los adolescentes demostró que “la noción de apuntalamiento” en ellos

se ha desestructurado. “El concepto de apuntalamiento -afirma la autora- es

múltiple ya que proviene de la función paterna y materna así como también

del grupo y de la cultura. El desmantelamiento de la red de apuntalamiento

por los efectos del contexto social dentro del cual conviven estos adolescentes

mostró el desapuntalamiento grupal y comunitario”. “Se caracterizan, desde el

punto de vista intersubjetivo, ya sea por un déficit en los vínculos, puesto de

manifiesto en apatía, abulia y/o desinterés por el otro o por la predominancia

de vínculos de odio manifestados en el rechazo sistemático y descalificación

hacia las personas o sus pares en el grupo”. Sin embargo, las conductas

autodestructivas existen también en niños, adultos y personas mayores, sin

diferencias de género.

Y aunque en ocasiones se formule la pregunta “¿por qué haré esto que es

tan malo para mí?”, “¿no soy capaz de controlarme?”, “¿por qué mantengo

conductas sabiendo que son dañinas?”, hasta que se encuentre la respuesta,

no hay que menospreciar el peligro de acciones que aunque hoy brinden placer

o alivio, mañana puede ser que maten.

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