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04/08/2013
LA DEPRESION INFANTIL
 
 
Durante mucho tiempo se creyó que los niños no se deprimían por presuponer que carecían de la madurez necesaria. Diversas investigaciones, en especial psicoanalíticas, demostraron que la depresión infantil es una realidad incuestionable.

 Admitir su existencia permite realizar un diagnóstico precoz y un tratamiento adecuado. Es útil tener en cuenta que, según las estadísticas, el suicidio es la sexta causa de muerte entre niños de 5 a 14 años de edad mientras que en la adolescencia, entre los 15 y 24 años, trepa a la tercera causa de muerte.

Los síntomas de depresión en el niño son diferentes a los habituales del adulto, por lo cual muchas veces no resultan visibles ni detectados por los padres, familiares o maestras. A pesar de que los niños no pueden poner en palabras sus sentimientos lo manifiestan de otras maneras, en la forma de actuar, jugar y pensar.

Los síntomas dependerán de la etapa de desarrollo en que estén: 1) en los lactantes se manifiesta en trastornos del sueño o de la alimentación; 2) entre los 2 a 5 años se expresa con temores, cambios de conducta, abandono del juego, necesidad de estar acompañado, conductas regresivas, agresividad, irritabilidad, trastornos del sueño, ansiedad, inquietud, enfermedades a repetición (anginas, resfríos), fallas en el control de esfínteres o golpes frecuentes. 3) en la edad escolar, es decir, entre los 6 a 12 años se traduce en inhibiciones, bajo rendimiento en el aprendizaje, menor capacidad de concentración, aislamiento, agresividad, irritabilidad, ansiedad, desgano, falta de motivación y quejas somáticas (gastrointestinales, respiratorias, dolores diversos, etc.).

Sin embargo, a veces se exterioriza por lo opuesto: se hace el payaso, es rebelde, pueril, no acepta las normas o se lastima con frecuencia, razones por las que no se “ve” la depresión sino una conducta inadecuada.

El ámbito de la escuela es de particular interés para su detección ya que el menor rendimiento escolar es una constante como síntoma.

Se debe ponderar que la escuela es el lugar del primer compromiso y responsabilidad del niño y puede ser una causa especial de estrés, no solo por el desafío del aprendizaje sino también por establecer sus primeros vínculos sociales y relacionarse con sus pares, con figuras de autoridad y tener que defenderse de la competencia o agresividad de otros niños. El fracaso escolar puede ser causa de la depresión, una consecuencia de la misma o ambas cosas a la vez.

Los niños con depresión pueden tener antecedentes familiares pero son más importantes destacar los factores de riesgo: muerte de uno de los padres o duelos diversos, separación de los padres, agresiones o peleas paternas, situaciones de abuso o maltrato infantil, hechos traumáticos de cualquier naturaleza, enfermedades prolongadas, desatención emocional, deficiente alimentación o carencias sociales básicas.

El tratamiento fundamental es la terapia psicoanalítica. En casos graves o que no mejoren hay que considerar el recurso de los fármacos antidepresivos, un recurso muy discutido.

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