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09/06/2013
SUBE LA ADRENALINA
 
 
Muchas veces no tenemos plena conciencia del nivel de tensión, agobio o inquietud que generan hechos de la vida cotidiana. Las causas son diversas: en unos por la situación social, laboral o económica; en otros por conflictos personales o familiares; en aquellos porque “la cabeza no para”. Puede resultar peligroso si por ser eventos habituales se los termina considerando como hechos normales, dado que siempre el organismo lo registra y paga un costo por eso.

 En la década de 1920, el neurofisiólogo W. B. Cannon descubrió que cuando cualquier organismo enfrenta una situación de miedo o de peligro, el cerebro responde con la activación del llamado sistema nervioso simpático y genera, entre otras cosas, la liberación de adrenalina.

Pero ¿qué es la adrenalina? Es una hormona y neurotransmisor que actúa sobre la mayoría de las funciones del organismo, ejerce importantes acciones y la produce en su mayor parte la glándula suprarrenal.

Básicamente, su acción es intensificar aquellas funciones necesarias para reaccionar ante las alarmas:1) acelera el ritmo cardíaco para aportar más sangre a todos los órganos; 2) aumenta la frecuencia respiratoria para que los tejidos se oxigenen lo mejor posible; 3) incrementa la presión arterial; 4) los vasos sanguíneos más importantes se ensanchan para incrementar la circulación mientras que los vasos más pequeños y prescindibles se estrechan (por eso, por ejemplo, la piel empalidece); 4) dilata las pupilas para ver mejor el peligro; 5) extrae las reservas de glucógeno para que aumente el nivel de glucosa y así los músculos disponer de más combustible, ya sea para luchar o escapar.

Diversos hechos cotidianos (las horas previas a un examen, un encuentro inesperado, hablar en público, caminar hacia el altar, discusiones con la pareja, peleas con un vecino, enfrentar un piquete inesperado, el peligro de un asalto, un accidente, una inundación, etc.) pueden concluir con un similar resultado: el exceso de producción de adrenalina.

Sus efectos desaparecen si las situaciones son pasajeras o dejan de estar presentes, pero si la liberación de adrenalina es excesiva y se prolonga en el tiempo, pone al sujeto en peligro por sus efectos nocivos. Por ejemplo, ante una emoción intensa persistente, la liberación de adrenalina es responsable del aumento de la presión arterial y de la frecuencia cardíaca, con diversos riesgos de arritmias. Las personas con demasiada carga emotiva o presiones muy fuertes son proclives a sufrir más accidentes cardiovasculares o cerebrales.

También produce aumento de peso ya que al mismo tiempo aumenta el nivel de cortisol, hormona que incrementa la grasa abdominal, que a su vez provoca mayores repercusiones cardiovasculares.

En el sistema nervioso puede hacer estragos al provocar falta de concentración, fallas de la memoria, miedos, ataques de pánico, depresión, agotamiento, insomnio, disminución de la libido, dolores diversos, etc.

En consecuencia, es importante no soportar el malestar sino buscar la ayuda necesaria para no enfermar.

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