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28/04/2013
Decisiones y hormonas
 
 
Tomar una decisión es un proceso para definir un determinado curso de acción e implica valorar, inferir consecuencias y ponderar cuál será la vivencia final de quien decide por los resultados a obtener. Decidir es mucho más que elegir, solo uno de los componentes de este complejo proceso.

 Un concepto importante es el nuevo descubrimiento que avala que decidir es, contra lo que se puede creer, un hecho primordialmente inconsciente: casi un 95% de las decisiones ocurren en esa región del psiquismo. Vale también aclarar que inconsciente no significa irracional: los mecanismos inconscientes son lógicos, realistas y sumamente precisos. Se estima que por día una persona toma aproximadamente 500.000 decisiones.

En el proceso de tomar decisiones no solo interviene la mente sino también el organismo. Investigaciones recientes han estudiado la influencia de algunas hormonas al momento de decidir.

Una publicación de la revista Proceedings expuso descubrimientos realizados en la Escuela Universitaria de Londres que hacían foco sobre algunas hormonas, especialmente, la testosterona, la oxitocina y el cortisol.

La testosterona, presente tanto en hombres como en mujeres, determina que un individuo aumente la confianza en sí mismo, incremente su interés por las situaciones de riesgo y se sienta un ganador. El déficit de esta hormona lo torna indeciso mientras que su exceso puede resultar negativo por afectar su capacidad para evaluar los riesgos, lo torna más egocéntrico, no le permite una disposición para escuchar a los demás o a cooperar con un grupo por valorar prioritariamente su enfoque personal. Según los investigadores, estos hallazgos permiten entender cómo las decisiones de un grupo pueden verse afectadas por los individuos dominantes, hasta el punto de que si tienen una conducta muy individualista, su accionar puede ser perjudicial para los integrantes del mismo, ya que por buscar predominar no se cuestionan si los resultados finales son negativos para los otros.

La oxitocina es una hormona que produce el hipotálamo y que, entre otras acciones, está involucrada en establecer relaciones de confianza, acercamiento y generosidad entre las personas. Cuando predomina, una persona y los miembros de un grupo se ponen de acuerdo para resolver los problemas, por lo que tiene un efecto contrario a la testosterona.

“Nuestra conducta parece que está moderada por nuestras hormonas. Es cierto que la oxitocina nos hace ser más cooperativos, pero si esta fuera la única hormona nuestras decisiones serían muy sesgadas. El equilibrio entre testosterona y oxitocina nos permite buscar la mejor solución a un problema, pero si hay demasiada testosterona, corremos el peligro de ignorar el criterio del resto”, afirma P. Wright, uno de los autores de la investigación.

Por su lado, el cortisol -hormona vinculada al estrés y al enfrentamiento de los peligros- si está en niveles elevados lleva a la indecisión y a frenar la conducta para no asumir riesgos.

En conclusión, los niveles de estas hormonas participan en nuestras capacidades para decidir.

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