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14/04/2013
Miopía del futuro
 
 
Tanto los dirigentes de una sociedad como cada uno de sus miembros, toman decisiones de manera continua. De ellas surgen preferencias, resultados objetivos, consecuencias subjetivas, logros o daños.

 Sin embargo, sea a nivel social o personal existe un serio peligro: elegir aquello que brinde satisfacción inmediata pero que dañe o hipoteque el futuro. Algunos autores llaman a este proceso “miopía del futuro”.

Como se sabe, la miopía es la alteración ocular por la cual una persona no puede ver o distinguir los objetos lejanos. La psicología y las neurociencias tomaron ese nombre dado que es muy frecuente observar que las personas tomen decisiones para satisfacer sus deseos o necesidades inmediatas aun en conocimiento de que resultarán perjudiciales en su futuro. A título de ejemplo se puede citar a quien quiere bajar de peso pero no puede evitar comer en exceso, el que fuma aunque conoce que sus pulmones se dañarán más aun, el que bebe aunque su hígado este graso, quien mantiene vínculos afectivos que debería cortar o aquel que está preso de una adicción. El denominador común es que se impone en ellos la satisfacción inmediata sin valorar sus consecuencias posteriores.
Tomar decisiones responsables y efectivas implica apreciar los pros y los contras dentro de diversas alternativas. En esta capacidad de regular, planear y supervisar los complejos procesos para decidir se necesitan de lóbulos cerebrales frontales sanos y con un funcionamiento tal que, finalmente, permita dirigir la conducta final a buen puerto.

Para la investigadora M.D. Lezack, “las funciones ejecutivas que ejercen los lóbulos frontales son las que hacen que un individuo funcione de manera independiente, con un objetivo determinado y en forma satisfactoria”.

En esa parte del cerebro se acopla lo pensante y lo emocional. Si existe una disfunción de esas áreas resultarán señales contradictorias y se dificultará la capacidad de ponderar las decisiones, entrando en conflicto los efectos inmediatos y las consecuencias futuras.

Bien lo describe el destacado neurólogo F. Manes: “La corteza frontal desempeña un papel clave en la toma de decisiones y en integrar el contexto, aunque, por supuesto, otras áreas cerebrales también están involucradas, ya que el cerebro trabaja en red. Si alguna parte del cerebro tiene que ver mayormente con nuestra identidad, con lo que nos distingue de las demás criaturas vivientes y, al mismo tiempo, nos hace a cada uno de nosotros diferentes, esa área es el lóbulo frontal. Si otras partes específicas del cerebro se dañan, por ejemplo, puede haber debilidad motora en un miembro, dificultarse la percepción o perderse aspectos del lenguaje o ciertas memorias, mientras que la esencia del individuo permanecería intacta. Cuando se dañan los lóbulos frontales, lo que cambia es la personalidad”.

De lo mencionado surge la necesidad de evaluar el estado de los lóbulos frontales en aquellas personas que toman con frecuencia decisiones perjudiciales por no apreciar o jerarquizar sus consecuencias.

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