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17/02/2013
CUIDAR LOS VÍNCULOS PERSONALES
 
 
Todo ser humano vive inmerso en diversos vínculos con otras personas con las cuales comparte formas de pensar, sentir, necesidades, afectos o intereses.

 Quien se vincula con otro tiende a esperar reciprocidad, es decir, dar y recibir, escuchar y ser escuchados, comprender y ser comprendidos. Nadie resulta inmune ni indiferente a estos vínculos personales que constituyen un aspecto básico de la vida, ya sea en relaciones positivas o negativas, y que siempre repercuten en la salud, el tiempo y la calidad vida.


Por lo tanto, las relaciones interpersonales juegan un papel fundamental no solo en el desarrollo integral de la personalidad sino en los beneficios o perjuicios que inexorablemente ocasionan.
En consecuencia, es prudente cuidarse de aquellas personas que por sus características pueden producir mucho daño, a veces de manera evidente o silenciosa, sean familiares, pareja, amigos, vecinos o compañeros de trabajo.
Es importante cuidarse de quienes: 1) siempre critican o descalifican, 2) permanentemente controlan y exigen perfección en otros, 3) se victimizan para generar culpa o pena, 4) se quejan de su mala suerte, 5) intentan manipular a través de distintas técnicas, 6) generan pesadumbre, 7) se lamentan de su vida, 7) envidian lo que tienen los demás, 8) se presentan como desdichados aunque no hacen nada para cambiar, 9) descargan sus tensiones, angustias y tristezas en el otro, 10) no escuchan sino solo exigen ser escuchados.
Esto es importante ya que en la actualidad, la medicina ha demostrado que si una persona sostiene vínculos que lo lastiman o irritan, estos modelan su cerebro de una manera totalmente opuesta a quien es bien nutrido emocionalmente por personas diferentes que comparten su vida cotidiana. Así, se puede afirmar que el diseño del cerebro humano es fruto de la calidad de los vínculos personales ya que estos remodelan sus circuitos cerebrales, las diferentes redes neurales y su rendimiento.


También existe una nítida conexión entre una relación que daña y el aumento de las hormonas de estrés que producen cambios en algunos genes que controlan a las células del sistema inmunológico, responsables de proteger al organismo contra bacterias, virus y células malignas. A título de ejemplo, las investigaciones demostraron que quienes soportan vínculos personales conflictivos son 2,5 veces más propensos a resfriarse, ubicando así a este tipo de relaciones en el mismo rango de importancia que la carencia de vitamina C o el insomnio crónico.


¿Qué otros efectos nocivos pueden ocasionar los vínculos negativos? El listado es muy variado: desde sensación de cansancio, falta de energía, menor confianza o seguridad en uno mismo, sentir angustia, tristeza o nerviosismo, perjudicial represión habitual de sentimientos de rabia, hasta padecer distintos malestares físicos, como tensiones o contracturas musculares y enfermedades físicas más importantes y reconocidas por su relación con el estrés (cefaleas, migrañas, hipertensión arterial, gastritis, colon irritable, fibromialga, etc.).

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