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21/04/2013
CUIDAR AL RECIÉN NACIDO
 
 
Nadie duda que el amor es imprescindible para un sano desarrollo mental en todo individuo. Hace años, René Spitz demostró que no era suficiente que un niño pequeño tuviera sus necesidades físicas cubiertas -alimentación, cuidados o higiene- para que se desarrollara con normalidad. Confirmó que la falta de un afecto genuino producía retraso evolutivo, depresión y hasta la muerte.

 Dijo: “Cuando los niños son acogidos por hogares institucionales, a los pocos días manifiestan llanto y, luego, caen en un estado de apatía y depresión, muy similar a la depresión adulta”. “Por su sola presencia, la madre actúa como estímulo para las respuestas del niño. El placer del bebé se acrecienta cuando ella participa de sus regocijos”.


Años después, (en 1992) neurólogos norteamericanos descubrieron que aquellos bebés que tenían figuras de apego sólidas desde su nacimiento, desarrollaban sus redes neuronales de manera más consistente que los niños que fueron abandonados o vivían en instituciones que atendían sus cuerpos pero no sus afectos.

Lo que describió el psicoanálisis y la psicología infantil, hoy la neurociencia lo confirma a través del concepto de neuroplasticidad, que significa que el cerebro se forma o se deforma según las experiencias del entorno.
Todo bebé nace indefenso y necesita de un adulto para sobrevivir. Pero para poder tener salud mental y desarrollarse como humano en plenitud, también requiere de cuidados emocionales. Necesita, en pocas palabras, alguien que lo cuide, lo quiera, lo piense y responda a sus miedos y sus angustias. Sin esos aportes no podrá desarrollar una estructura psíquica madura y consistente, tornándose sus personalidades frágiles y vulnerables.

Es útil recordar que nunca el ser humano aprende tanto como en el primer año de vida: su cerebro multiplica por tres su tamaño y se fundan las bases de las conexiones y redes de neuronas más importantes para su futuro desarrollo.

Aunque para muchos puede resultar difícil de aceptar, vínculos ausentes o agresivos pueden dañar definitivamente el diseño de esa compleja arquitectura cerebral y el paralelo diseño de la mente.
Un efectivo sostén emocional es la contra partida a las vivencias de desamparo e indefensión con que un recién nacido llega al mundo. Le permite confiar en un vínculo estable, entendiendo por esto una relación cotidiana, constante y sobre todo, previsible.

J. Bowlby (en “Una base segura. Aplicaciones clínicas de una teoría de apego”) decía que son la estabilidad y la previsibilidad de los vínculos maternos los que le permiten al niño en crecimiento sentir que tiene una base segura de sostén.

A su vez, le permitirá confiar primero en quienes lo cuidan y después en él mismo. Es lo que lo dejará largarse a explorar el mundo, separarse progresivamente y desarrollar su propia identidad.
La expectativa que tiene el niño respecto a lo que puede esperar de los demás es fruto de esos primeros cuidados que recibió y podrá construir (o no) esquemas mentales para vincularse en el futuro con los demás de manera satisfactoria.

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