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19/05/2013
CUIDANDO AL CUIDADOR
 
 
Quien está al cuidado de un paciente psiquiátrico o senil no solo carga con una experiencia difícil sino que también lo puede llegar a enfermar. Por lo tanto, es imprescindible que sepa o aprenda a cuidarse a sí mismo.

 En los países avanzados a las personas cuidadoras de familiares enfermos se les brinda un entrenamiento formal, con dos metas muy definidas: una, para optimizar la ayuda que se brinda y dos, para cuidarse o protegerse a sí mismos. En otros países, esta ayuda es nula o muy escasa.
Los cuidadores padecen un estado de sobre carga o de estrés, muchas veces abrumadores, que con el transcurrir del tiempo termina ocasionando estados de ansiedad, depresión u otros trastornos. Así lo confirman innumerables investigaciones de los últimos 20 años.


Steven Zarit, experto en el tema, afirma: “La mayoría de los cuidadores cuentan con poca o ninguna ayuda” y “La familia tiene que pagar el costo físico, emocional y financiero de la atención, que puede ser desorbitado. Cuando el cuidador se abruma, se eleva la probabilidad de tener una grave deficiencia en la situación de cuidado”.
La atención de un paciente con prolongados trastornos psiquiátricos tiende a generar en quienes lo cuidan (que, por lo general, recae en una sola persona) diversas consecuencias. Se pueden enumerar algunas : 1) Trastornos en los vínculos familiares, por la aparición de conflictos, por desacuerdos con respecto al cuidado del enfermo y por el esfuerzo sobre la mujer que es la que, casi siempre, se hace cargo de esa atención; 2) Problemas económicos, sea por disminución de ingresos o por el aumento de los gastos que insume el paciente; 3) Contradicciones emocionales: a veces con sentimientos de bienestar por la ayuda que se brinda, a veces de malestar por la culpa, el rechazo, la impotencia, la soledad o la tristeza que conlleva la situación; 4) Tensiones laborales, ya que quien cuida al paciente es común que tenga que dividirse entre las obligaciones del trabajo y las tareas del cuidado. Es habitual que sienta que no cumple con eficacia en ninguno de los dos lados; 5) Falta de tiempo libre: el cuidador suele sentir una mezcla de culpa y bronca por las renuncias a su saludable ocio o vida social que tenía, y suele terminar aislado o sin interés en encararla; 6) Marcados sentimientos de culpa, en especial, ante la difícil decisión de tener que internar a un familiar en un instituto geriátrico o similar.

Si Ud. es cuidador de un paciente crónico es conveniente que esté alerta si siente uno o varios de los siguientes síntomas: cansancio, falta de pilas, problemas de sueño, deseo de aislarse, mayor consumo de comida, alcohol, tabaco o tranquilizantes, desinterés, dificultad en concentrarse, cambios en su estado de ánimo, nerviosismo, mal humor, falta de deseo sexual, irritabilidad o conflictos con sus amigos, parejas o en su trabajo.
Sin duda alguna, para poder cuidar a un paciente es importante que “la caridad empiece por casa”: cuidarse a uno mismo. Y para eso es necesario que el cuidador consulte para que también otro le enseñe a cuidarse.

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