Articulos
13/01/2013
El Prejuicio
 
 
Se entiende por prejuicio al proceso por el cual se forman conceptos sobre una persona, situación o cosa, con anticipación y sin estar basado en un criterio lógico o en razones válidas. Algunos ejemplos comunes: las mujeres manejan mal, los judíos son tacaños, los homosexuales son enfermos, los franceses son antipáticos, los “morochos” son peligrosos, los extranjeros son rechazables, etc.

Implica prejuzgar, por lo general de forma negativa, de modo tal que el prejuicio no es solo una mera opinión o creencia, sino una actitud global que incluye sentimientos nocivos hacia otros como desprecio, disgusto o rechazo. Es decir, indica una franca distorsión de cómo se percibe la realidad y conforma una franca discriminación. 
Seamos o no conscientes de ellos, reflejan opiniones generalizadas instaladas en todo individuo, sobre personas de otras culturas, etnias, creencias, nivel social, inclinaciones sexuales u otras diferencias. En 1954, en su libro La naturaleza del prejuicio G. Allport afirma que es inherente al funcionamiento normal de todo ser humano. En un pasaje afirma: “La mente humana piensa con la ayuda de categorías. Una vez formadas, las categorías son la base para el prejuzgar normal. Nosotros no podemos evadir este proceso. La vida ordenada depende de ello”. Por lo tanto, el prejuicio es inevitable y todas las personas podemos ser esclavos de ellos, si no ejercitamos una sensata actitud autocrítica.
Algunas investigaciones muestran conclusiones interesantes. Una de ellas, por ejemplo, que el integrante de un grupo determinado (sea social, político, religioso o deportivo) tiende a tener más prejuicios negativos con integrantes de grupos diferentes, maximizando las diferencias, que con integrantes de su propio grupo de pertenencia, donde esas mismas diferencias se minimizan.
Otra conclusión es que las personas con baja autoestima, tienen más predisposición a ser prejuiciosas, por lo cual un medio efectivo para aminorar esta tendencia es atender las fuentes de inseguridad que padecen.
También el cerebro hace su aporte. La amígdala cerebral, una región pequeña pero muy antigua del cerebro primitivo, participa en codificar el mundo emocional de un individuo, de manera exclusiva e intransferible. La amígdala reacciona según la percepción que tiene sobre alguien: si registra que puede confiar en una persona, menos se activa mientras que, por el contario, cuanto más se activa, genera temor, rechazo y prejuicios. Estos procesos son automáticos, y explica por qué son tan resistentes al cambio y a menudo ocurren de forma descontrolada e irracional. Por eso y con humor A. Einstein decía: “Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio”.
Una investigación publicada hace poco en Frontiers in Human Neuroscience comprobó que cuando el cerebro percibe un rostro al mismo tiempo registra a qué etnia pertenece y le atribuye un contenido emocional -positivo o negativo- en menos de 170 milisegundos. Este trabajo precursor sobre la pertenencia grupal y el prejuicio deja en evidencia, en parte, sus bases cerebrales.

…………………………………
E. Norberto Abdala, para VIVA del 13-1-13

Notas Relacionadas con Articulos