Articulos
08/01/2012
Personalidad Anormal
 
 
Los conceptos de personalidad están siempre presentes en la vida cotidiana, (“Ana es tímida”, “Juan tiene mucho carácter”, “Roberto tiene poca personalidad”). Pero ¿qué es la personalidad?


La personalidad es el resultado de la articulación dinámica de los aspectos psicológicos (intelectuales, afectivos, cognitivos y pulsionales) y biológicos (fisiológicos y morfológicos) característicos de cada persona y que lo distinguen de las demás. Implica el conjunto de rasgos distintivos, estilos de comportamiento y patrones de características que conforman a un individuo. Según estos atributos, así se percibe el mundo, se adoptan actitudes, pensamientos, criterios y sentimientos que son únicos y hacen que cada persona sea diferente a las demás.
Tres principales teorías que explican cómo se desarrolla la personalidad: las endógenas, que afirma que la personalidad viene determinada por características innatas “de fábrica”; las exógenas, donde el ambiente social y cultural son los factores determinantes de su desarrollo y las teorías interaccionistas que consideran que el ambiente genera la manera de comportarse de cada persona y esta, a su vez, influye en el ambiente que lo rodea, en una ida y vuelta recíproca e inevitable.
Se considera a las personalidades sanas como aquellas que son capaces de hacer frente a las tensiones normales, pueden resolver sus conflictos y no tienen problemas para establecer relaciones con la familia, amigos o compañeros de trabajo.
Pero existen también quienes padecen trastornos en ellas. En general, tienen grandes dificultades en el trato y la convivencia con otros individuos, son inflexibles, rígidos e incapaces de responder y adaptarse a los cambios y exigencias que la vida va imponiendo día a día.
La vida es un proceso constante de adaptación y de ajuste al medio. En los humanos, ese proceso ofrece dos aspectos: el ajuste puramente biológico y el social. El hombre, un ser eminentemente gregario, tiene que ajustarse inevitablemente al medio social. Los desajustes para adaptarse son, en general, resultado de la incapacidad del individuo para resolver los problemas que se le plantean en sus relaciones con sus semejantes.
Sin embargo, una cosa es tener la capacidad de adaptarse a los vínculos sociales de manera auténtica y madura y otra es la tendencia constante de querer agradar a los demás, con el peligroso costo de caer en el servilismo o en el sometimiento al otro. Por lo tanto, un cierto estilo adictivo se puede expresar en las personalidades anormales, al igual que en otras formas de adicción.
Para algunos la dependencia, el sometimiento, la necesidad extrema de estar con alguien resultará lo característico. En otros, tomará la forma de arrogancia, autosuficiencia y desapego, como intentando mostrar la otra cara de la moneda, la de arreglársela por sí mismo, como un modo reactivo de independencia. También es factible observar la alternancia de las dos formas en un mismo sujeto: períodos de intensa dependencia y otros de búsqueda compulsiva de otros vínculos.
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E. Norberto Abdala, para VIVA del 8-1-12
 

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