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06/05/2012
Glándula Tiroides y Sistema Nervioso
 
 
Decía el Dr. R. Rozados que “Sin el aporte regular de determinadas hormonas, nuestra capacidad de comportarnos se vería seriamente deteriorada y sin otras hormonas moriríamos rápidamente. Pequeñas cantidades de algunas hormonas pueden modificar nuestros estados de ánimo y nuestras conductas y acciones, nuestras inclinaciones y apetencias, nuestra agresividad o nuestra sumisión y nuestras conductas de reproducción como así también nuestros conceptos parentales”.


La correcta función de la glándula tiroides implica que produce las hormonas necesarias para mantener el normal accionar de diversos órganos, en especial, el sistema nervioso central. Sus acciones sobre él merecen ser destacadas, ya que cuando la tiroides funciona mal o es extirpada ocasiona síntomas similares a los que producen enfermedades típicamente psiquiátricas.
Así, en el hipotiroidismo son comunes el cansancio, la sensación de letargo, la somnolencia, el desgano, los dolores de cabeza, la pérdida de memoria, la falta de concentración, dificultad para realizar cálculos, disminución de la libido, todos síntomas frecuentes en los estados depresivos. Por el contrario, en el hipertiroidismo se observa hiperactividad, taquicardia, nerviosismo, irritabilidad, que es habitual confundir con crisis de pánico o episodios de aceleración o excitación.
Por eso, en la actualidad, no se discute que las acciones de las hormonas tiroideas sobre el psiquismo y el estado emocional resultan fundamentales, como también para el normal desarrollo y maduración del cerebro aunque el feto está protegido hasta el parto por las hormonas de la madre.
Las hormonas tiroideas se llaman T3 y T4. La primera de ellas aumenta los niveles cerebrales de serotonina, una sustancia química clave para un adecuado y equilibrado estado anímico. Es el mismo efecto que producen los antidepresivos, por lo cual se puede afirmar que la T3 actúa como un antidepresivo.
Este hecho es muy bien conocido por los psiquiatras, ya que, por un lado, a todo paciente con depresión le estudian su tiroides y, por otro, a aquellos que no responden a los tratamientos con antidepresivos se les agrega hormona tiroidea (aunque no tengan problemas tiroideos) porque potencian y amplifican la acción de los antidepresivos. En otras palabras, los pacientes depresivos que no mejoran con los psicofármacos pueden mejorar ostensiblemente si se les agrega la T3.
En conclusión, 1) Existe una importante asociación entre la tiroides, las emociones y la conducta; 2) Toda enfermedad tiroidea afecta de manera importante el estado de ánimo. Su mayor evidencia es cuando resulta necesario extirpar la tiroides (por nódulos o cáncer) y no se logra un adecuado equilibrio con el reemplazo hormonal; 3) El mal funcionamiento de la tiroides es muy frecuente en pacientes con trastornos del ánimo; 4) Los pacientes bipolares o con depresiones importantes no responden bien al tratamiento si coexiste una disfunción tiroidea y 5) Es imprescindible un buen funcionamiento de la tiroides para tener un normal funcionamiento intelectual y afectivo.
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E. Norberto Abdala, para VIVA del 6-5-12


 

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