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22/07/2012
Olvidos Benignos
 
 
Con el natural paso de los años, el organismo comienza a evidenciar una serie de cambios físicos: el cabello encanece, aparecen arrugas en la piel, disminuye la fortaleza muscular, etc. Cambios que a la mayoría de las personas no les genera alarma por considerarlos normales para su edad.

Lógicamente, estos cambios externos se acompañan también de cambios internos pero que no se detectan a menos que se realicen estudios específicos, por ejemplo, una radiografía de columna que permita comprobar signos de artrosis.
Con frecuencia no se tiene en cuenta es que el cerebro también envejece y cuando se empiezan a percibir fallas en la memoria muchas personas se alarman y preocupan, cuando en realidad es la evidencia que también tiene el cerebro tiene sus años. Los olvidos o las fallas de memoria generan con suma frecuencia el temor a que se trate del comienzo de la temida enfermedad de Alzheimer.
La memoria es la función encargada de registrar, grabar y evocar diversos hechos y circunstancias de la vida. Pero, también una función normal y necesaria de la memoria es la capacidad de borrar recuerdos, es decir, de olvidar. Quien no olvida podría vivir torturado por ciertos recuerdos.
Para tener una buena memoria la condición previa es prestar atención ya que en caso contrario, las acciones de inicio de la memoria (registrar y grabar) no funcionan. No es lo mismo no recordar por distracción que por tener problemas reales de memoria
Ante los olvidos, muchas personas se preocupan más de la cuenta, aunque es normal que la memoria muestre fallas a partir de los 50 años y, especialmente, con el olvido de los nombres de las personas.
Diversos factores generan olvidos: el estrés, la ansiedad, la depresión, el alcohol, las infecciones, la apnea del sueño, la deficiencia vitamínica, la ingesta de ciertos medicamentos, el hipotiroidismo, etc.
La función del especialista es determinar si los olvidos son normales para la edad o si es el inicio de alguna enfermedad. Un dato frecuente que marca una diferencia es que en el primero de los casos las personas consultan por su cuenta, mientras que en el segundo casi siempre son “llevados” a la consulta por la preocupación de algún familiar.
A partir de los 60 años, de cada 10 personas que consultan por olvidos, en 6 no se evidencian anormalidades que requieran de algún tratamiento. De los 4 restantes, 2 suelen tener algún factor como los antes mencionados y los 2 restantes, sí pueden tener alguna causa cerebral que amerite que sea adecuadamente diagnosticada.
Un consejo es que quien tenga olvidos no se asuste sino que salga de la duda consultando al médico. Caso contrario, el mismo temor a tener algo serio será un factor de estrés que le producirá todavía una mayor frecuencia de olvidos.
En la actualidad, con simples estudios neurocognitivos y de neuroimágenes se puede precisar si se está en presencia de un proceso normal o si es el inicio de algún trastorno que necesite ser tratado. En este caso, cuanto antes se comience un tratamiento, mayores probabilidades habrá de mejoría.
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E. Norberto Abdala, para VIVA del 22-7-12.

 

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