Articulos
19/12/2010
Navidad y Familia
 
 
Diciembre se caracteriza por las fiestas de Navidad y Año Nuevo y por observarse un clima diferente en las calles de cualquier ciudad. Para muchos (más para los niños que para los adultos) son fiestas esperadas, deseadas y alegres. Otros, por el contrario, anhelan que estos días pasen rápido para recuperar la habitualidad, la rutina y evitar sentirse mal por no poder sentir o compartir, como el resto de las personas, el idealizado “espíritu navideño”.


Alguien dijo que la Navidad no es tan buena como la cantan, ni tan triste como se sospecha. Sin duda, son fiestas significativas pero, al mismo tiempo, conflictivas. Especialmente, por dos razones frecuentes. Una, que al ser muchas veces una fecha más comercial que religiosa y que obliga a comprar regalos, deja a la vista las diferencias entre aquellos que tienen recursos y otros que no disponen de los mismos, aun para cosas básicas. La segunda razón, es la aparición de conflictos familiares.
Las familias están conformadas por un conjunto de personas con muy diversas características, que pueden relacionarse por la tradición, por obligados vínculos de sangre o por sinceros afectos. Es un hecho cierto que la relación con un determinado familiar muchas veces se da, precisamente, por un impuesto vínculo y no por propia elección. Como ejemplo, uno no estaría interesado en relacionarse con un determinado pariente, salvo por el hecho que está dentro de la familia mientras que no existiría relación alguna si así no lo fuera.
Las fiestas de fin de año son una oportunidad de estar con seres queridos (familiares o amigos) pero también son fuentes de problemas. El conflicto familiar aparece cuando no existe la suficiente flexibilidad para armonizar criterios o expectativas diferentes. Como en el caso de María y su esposo al tener que decidir en cual de sus respectivas familias pasarán las fiestas, generándose conflictos de lealtades, de celos o de rivalidad entre ellos.
La Navidad es como una lente de aumento que amplifica estados emocionales y situaciones latentes que parecen no existir en otros días del año. Son tiempos en que adquiere mayor peso el haber perdido a un ser querido, el estar separado, tener una situación económica peor que la del vecino, recordar peleas con hermanos, resignarse a que los hijos pasen las fiestas con el otro progenitor y su nueva pareja, etc. Son fiestas que al actuar como un resorte hacen saltar, de manera descarnada, tanto carencias emocionales como materiales.
Resultan perturbadoras si se transforman en días para dar y recibir regalos que no se quieren o pueden hacer por falta de ganas o de dinero, de comer lo que no conviene, de visitar a quien no se desea ver, de realizar gastos innecesarios o de decir frases huecas y poco sinceras.
Es difícil dar consejos para resolver una situación como la planteada. Solo me permitiría advertir que la vida diaria ya está llena de protocolos que a veces conviene evitar y en creer en la existencia de familias idealizadas en donde abunda la alegría para todos. La realidad es diferente para cada uno y también para cada familia y lo adecuado debería ser celebrarla acorde a esas posibilidades reales cuidando de caer en erróneas y dolorosas alternativas.
……………………………………………
E. Norberto Abdala, para VIVA del 19-12-10

 

 

 

Notas Relacionadas con Articulos