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19/06/2011
Hacerse Mala Sangre
 
 
Actualmente muchas personas viven tiempos difíciles, ya sea por una situación familiar, laboral o económica que no les resulta favorable ni tranquilizadora. Es común, además, escuchar, ver o conocer noticias, que generan temor, preocupación o desánimo.


Desde la psiconeuroendocrinología, se afirma que todo estado emocional influye sobre el organismo (ya sea para bien o para mal, según de qué emociones se traten) o, a la inversa, toda alteración corporal determina o modifica el estado emocional de un individuo (mens sana in corpore sano). Por ejemplo, el aislamiento afectivo es un factor de riesgo cardiovascular tanto o más importante que el tabaquismo, la hipertensión arterial o la obesidad. O, por el contrario, algunos cambios hormonales (como el hipotiroidismo, el período premenstrual o la menopausia) pueden alterar el estado psico-emocional de una persona.
Cada pensamiento genera una emoción y, viceversa, toda emoción genera pensamientos. En ambos casos se movilizan hormonas y sustancias químicas de nuestro cerebro, que tendrán una marcada influencia sobre todo el organismo.
Aquellas personas que se hacen “mala sangre” viven mal y menos tiempo que quienes se sienten a gusto o piensan de manera satisfactoria.
Pero ¿qué es hacerse mala sangre? En nuestro medio significa hacerse problema por algo que no lo amerita, molestarse, enfadarse, irritarse por las acciones de alguien o vivir atormentado por algo.
Cuando ocurre, en el organismo se produce la siguiente combinación: sube el nivel de cortisol y disminuye el de la serotonina.
El cortisol es una hormona muy importante que fabrica la glándula suprrenal y que ante situaciones de estrés o de emergencias, aumenta transitoriamente su producción para que el organismo produzca mayor energía a fin de enfrentar ese determinado problema o peligro inmediato. Sin embargo, si la situación se prolonga, daña y mucho, tanto al cuerpo como al mundo emocional. Si permanece elevado, a nivel físico aparece un cansancio inexplicable, dolores de cabeza, palpitaciones, hipertensión, trastornos digestivos, dolores, calambres musculares, falta de fertilidad, alteraciones menstruales, fallas de memoria o disminución de las defensas. Por otro lado, a nivel emocional se traduce en mal humor, irritabilidad constante, falta de deseos, visión negativa de las cosas, sentimientos de rabia, preocupaciones constantes y, a veces, ganas de llorar.
Por su parte, los niveles bajos de serotonina cerebral producen depresión, angustia y ansiedad, miedos, ataques de pánico, mal dormir, trastornos alimentarios y sexuales, enojos, obsesiones y fácil tendencia a la impulsividad de todo tipo. Suelen, a su vez estar asociados o generar dificultades en los vínculos familiares o sociales, lo cual empeora la situación psicológica y biológica del individuo.
Por lo tanto, ante la presencia de cualquiera de las manifestaciones aquí señaladas y en quienes “se hacen mala sangre” con facilidad, todo individuodebería consultar con su médico sobre la conveniencia de medir sus niveles de cortisol y de serotonina, que en la actualidad se hace con un sencillo análisis de sangre.
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E. Norberto Abdala, para Viva, del 19-6-11.

 

 

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