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04/12/2011
Los Dulces, Malos Remedios.
 
 
Un reto importante de los nutricionistas en el siglo XXI está relacionado con la función que debe desempeñar la dieta como un medio de prevenir y combatir las llamadas “enfermedades de la civilización”.

Una de ellas es el incremento en la tendencia a comer dulces y que, aunque se presenta en ambos sexos, es más frecuente en la mujer por razones hormonales. Así, es frecuente observar que en los días previos a la menstruación, se instale un estado de ánimo caracterizado por una combinación de tristeza e irritabilidad. Las mujeres, entre los 20 y los 40 años, son las que más probabilidad tienen de experimentar en esos días una conjunción de incómodos síntomas, sean psicológicos -tristeza, irritabilidad, nerviosismo, ansiedad y fatiga- o físicos -retención de líquidos, hinchazón en piernas y abdomen, dolor de las mamas, cefaleas, molestias musculares, alteraciones gastrointestinales (náuseas, vómitos, deposiciones de tipo diarreico) o acné-.
Las causas de la aparición de estos síntomas están relacionadas con variaciones en los niveles de hormonas femeninas (estrógenos y progesterona) y de un neurotransmisor cerebral llamado serotonina. Ya es harto conocido que la serotonina influye en el bienestar de las personas y que también participa en el control del apetito. Cuando su nivel disminuye puede desencadenar episodios de tristeza, irritabilidad y una apetencia excesiva por alimentos ricos en azúcares como los dulces (golosinas, facturas, galletitas, repostería en general) y, muy especialmente, una marcada avidez por el chocolate. Muchas mujeres se sienten mejor tras la ingesta de dulces y de chocolate, ya que favorecen rápida, aunque fugazmente, la síntesis cerebral de serotonina.
Además de las alteraciones producidas por el ciclo menstrual la mujer sufre cambios hormonales por otras razones (embarazo, menopausia, uso de anticonceptivos, hipotiroidismo, etc.) que la hacen más vulnerable a esta “necesidad de comer dulces”. Hoy estos conocimientos permiten usar diversos fármacos que, al aumentar la producción de serotonina, revierten esta tendencia a comer dulces al corregir el desorden neuroquímico subyacente.
¿Por qué no se puede parar de comer dulces? Porque al ingerirlos aumentan los niveles de azúcar en la sangre los cuales son rápidamente "barridos" al aumentar la natural producción de la insulina, para cumplir así esta con su función específica. Y la disminución del azúcar en la sangre llevará a la persona a comer nuevamente dulces y continuar así el círculo vicioso.
Quienes sienten en la noche una imperiosa necesidad de comer chocolate o “algo dulce” se mueven bajo el impulso de fuerzas que, en general, no pueden controlar, y que las investigaciones neurobiológicas confirman que responde más a una necesidad química del organismo que a la falta de voluntad. En ese horario es cuando más reducidos se hallan los niveles cerebrales de serotonina y el consumo chocolates o dulces es la vía más rápida para que el cerebro aumente su producción (por un rato).
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E. NORBERTO ABDALA, PARA VIVA DEL 4-12-11

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