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02/10/2011
Las Explosiones de Bronca
 
 
La agresividad es un rasgo biológico y defensivo al servicio de la supervivencia, tanto en los animales como en el humano. Sin ella, ninguna especie puede evolucionar ni perpetuarse como tal.


Pero es en un problema cuando la rabia, la ira o el enojo en un individuo se expresan como “explosiones” que no tienen una función adaptativa sino que denotan alguna frustración en su personalidad.
Muchas personas a veces se enfadan de manera exagerada por una nimiedad y reaccionan con una agresividad totalmente desproporcionada. Los ataques de ira se pueden disparar por un motivo insignificante, aun en sujetos habitualmente no violentos, por lo que resultan incomprensibles para quienes los conocen. Después de esas reacciones hasta ellos mismos se avergüenzan y tienen sentimientos de culpa y de autorreproches. Es más frecuente entre los hombres que entre las mujeres y se llama “trastorno explosivo intermitente”.
La valoración de los sucesos cotidianos, cuando la mente está inundada de rabia, altera la objetividad sobre un determinado suceso e impide encontrar mecanismos adecuados para una reacción constructiva. Es frecuente, entonces, que muchas personas pasen bastante tiempo enfadadas, con los hijos, con los amigos, con la pareja, con el trabajo o con la vida.
Estas reacciones son peligrosas porque además afectan la salud de quien explota, generando o agravando un amplio abanico de enfermedades (cardíacas, hipertensión arterial, diabetes, depresión, trastornos gastrointestinales, jaquecas, etc.).
El enojo implica no aceptar una realidad que lastima la autoestima o frustra una segura expectativa previa. Daña y duele como un golpe y por eso se reacciona con rabia y agresividad. La respuesta de los otros termina, como en un círculo vicioso, por inducir mayor agresividad en la persona iracunda, generando a su alrededor un progresivo alejamiento o abandono de los demás.
La principal perjudicada es la persona proclive a la ira ya que afecta la relación consigo mismo y es la primera víctima de una reacción que lo supera. Alguien dijo que “la ira es como una piedra ardiendo que a quien primero quema es a quien la lanza”.
Las investigaciones han identificado las regiones cerebrales que están involucradas en estas reacciones demostrando una menor función en una zona del cerebro -la región del estriado ventral- que es la encargada de regular la bronca.
Antes e inmediatamente después de la explosión de la rabia se comprueban alteraciones en varios parámetros físicos: la frecuencia cardiaca, la tensión arterial, los niveles de testosterona, de adrenalina y cortisol y la activación asimétrica del cerebro (sobre todo en los lóbulos frontales y temporales), con sus consecuentes riesgos.
Por lo tanto Fabián, su hijo necesita ser atendido rápidamente por un psiquiatra quien con seguridad le solicitará estudios para investigar su funcionamiento cerebral. Y, además, le recomendará también, sin duda, una psicoterapia para que pueda aprender a tolerar las frustraciones.
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E. Norberto Abdala, para VIVA del 2-10-11.
 

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