Articulos
06/11/2011
Las Deformaciones Físicas
 
 
La imagen corporal y la autoestima constituyen dos de los elementos fundamentales en el desarrollo de la personalidad. Es frecuente (pero no inexorable) que las distorsiones físicas, tanto reales como imaginarias, produzcan en el individuo un descontento, frecuentemente sobrevalorado en forma subjetiva, en especial, si las mismas se presentan en la cabeza, en la cara o a nivel genital. Así, cicatrices, protuberancias, prognatismo, labio leporino, fealdad, etc., se pueden transformar en complejos que disminuyen la valoración personal.


La persona portadora de una alteración física que no acepta, tiene inseguridad en sí misma y evita el contacto interpersonal con la idea constante de ser objeto de observación y eventual rechazo por parte de los demás.
A nivel consciente, le genera dos grandes temores: ser objeto de un permanente escrutinio por los otros y el temor de quedarse afectivamente solo. Temores que pueden transformarse en la “profecía autocumplida”, ya que su imagen propia y la baja estima lo inducen a no establecer contactos adecuados por temor al rechazo, lo que le dificulta o impide conocer personas, tener amigos y limita sus posibilidades de encontrar pareja.
Es frecuente entonces que el joven portador de una insatisfactoria imagen corporal (sea real o imaginaria) se aísle y busque ansiosamente pasar inadvertido, actitudes que pueden condicionar un carácter depresivo, o bien compensar su déficit, asumiendo una actitud de superioridad con actos agresivos, prepotentes, descalificadores o arrogantes. Un riesgo no menor es buscar refugio en el alcohol, las drogas o de endurecerse emocionalmente tomando una actitud de indiferencia frente al mundo que lo rodea, como compensación a su malestar.
T.F. Cash (1991) ha identificado los principales pensamientos vigentes que tienen las personas que sufren con su imagen corporal:
* “La gente atractiva lo tiene todo”, * “Todos, en primer lugar, se dan cuenta de mi aspecto”, * “La apariencia física representa cómo soy interiormente”, * “Si pudiera cambiar mi aspecto como deseo, mi vida sería mucho mejor”, * “Si cambio mi apariencia, podría controlar mi vida social y emocional”, * “Mi apariencia es responsable de las cosas que me ocurren en la vida”, * “Debería saber siempre cómo hacer para resultar atractivo”, * “El único modo en el que podría aceptar mi apariencia es modificándola”.
Es importante destacar que para un niño pequeño y nacido con alguna alteración física, la misma no existe, ya que siempre fue así. Sin embargo, el niño tiene un espejo donde mirarse y verse reflejado a sí mismo, que es la mirada de sus padres. Sin duda, los efectos no serán iguales si se siente aceptado y querido tal cual es o si va descubriendo mensajes de rechazo, de piedad o de exigencia en sus progenitores. La calidad y cantidad de esas señales determinará si la eventual deformación será un obstáculo en su desarrollo personal o en la medida que se sienta aceptado, será este el molde con el que funcionará en su futuro.
…………………………….
E. Norberto Abdala, para VIVA del 6-11-11
 

Notas Relacionadas con Articulos