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13/05/2012
La Tortura de No Olvidar
 
 
Se llama memoria a la capacidad cerebral que permite tanto almacenar como recuperar recuerdos y habilidades. Es el fundamento del aprendizaje y según su duración se la llama memoria de corto plazo (si perdura minutos a horas) o de largo plazo (si persiste días o de por vida).


Todos tenemos tendencia a valorar la memoria como algo de suma importancia, a lo cual contribuyo la tecnología y la informática al jerarquizar, por ejemplo, cada vez más a las computadoras que disponen de mayor capacidad de memoria respecto de otras de menor contenido.
El cerebro tiende a guardar de manera continua datos e información pero de la misma forma, y sin que uno sea consciente de ello, también se desprende de aquellos que no son necesarios o imprescindibles. Sin esta capacidad, el cerebro juntaría pormenores inútiles e incluso perjudiciales para su adecuado funcionamiento.
El olvido se define como la pérdida de información a través del tiempo. Es la otra cara de la memoria y, en general y por suerte, olvidamos mucho más de lo que recordamos. Ciertas personas se preocupan a veces de manera excesiva ante algunos olvidos como si fuera un aspecto negativo o patológico cuando es, en realidad, un fenómeno completamente normal.

Porque ¿qué sucedería si no se pudiera olvidar? J. L. Borges, en su célebre cuento “Funes el memorioso”, lo ejemplifica de manera admirable al describir que la tortura de Ireneo no era tanto por lo que no podía recordar sino, por el contrario, que sufría por aquello que no era capaz de olvidar.
En otras palabras, así como recordar es de suma utilidad, poder olvidar es imprescindible para vivir en armonía emocional. Sin el olvido, por ejemplo, no resultaría posible superar el duelo por la pérdida de un ser querido.
El psicólogo R. Gómez Vecchio afirma que “La mayoría de las personas se preocupan si olvidan cosas. Pero en algunos casos, hay personas que viven atormentadas por recuerdos que quisieran olvidar. Se trata de la persistencia de recuerdos traumáticos, sentimientos negativos y temores. Algunos de estos recuerdos reflejan con precisión sucesos horribles, mientras que otros pueden ser sólo distorsiones negativas de la realidad. Aquellas personas que sufren depresión son particularmente propensas a tener recuerdos persistentes y perturbadores. Lo mismo les ocurre a las personas que sufren de un trastorno de estrés postraumático. Estos trastornos pueden ser consecuencia de muchas formas distintas de exposición a traumas, por ejemplo, abuso sexual o vivencias de la guerra. En este caso, los denominados flashbacks, que son recuerdos persistentes e intrusivos del suceso traumático, que vuelven y vuelven una y otra vez a la mente, constituyendo el núcleo del estrés postraumático”.
Lo mismo ocurre en los estados obsesivos, de angustia o de pánico que generan la persistencia de recuerdos que llegan a ser torturantes o insoportables. Por lo tanto, si el cerebro no dispusiera de mecanismos para el olvido y si en la mente no funcionara la represión, sería difícil no sufrir como Ireneo Funes.
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E. Norberto Abdala, para VIVA del 13-5-12

 

 

 

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