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02/09/2012
La Mentira
 
 
La mentira, según el diccionario de la Real Academia Española, es la “expresión o manifestación contraria a lo que se sabe, se cree o se piensa”. Conviene diferenciarla de la falsedad porque en este caso se enuncia algo equivocado en su concepción o en la capacidad para reconocer lo verdadero, mientras que la mentira implica una clara intención de ocultar o distorsionar la realidad.

La mentira es un hecho universal y no existe persona que no mienta o haya mentido en su vida. Siempre ocurre por razones muy subjetivas y personales, por lo que cada individuo lo hace por motivos muy diferentes al de otro. Pero siempre tiene alguna finalidad: tratar de quedar bien, alcanzar un objetivo deseado, lograr algún beneficio, dar una mejor aunque inauténtica imagen de sí mismo, evitar ofender o hacer sufrir por decir la verdad (“mentiras piadosas”), postergar decisiones, evitar enfrentar determinados hechos, etc. Sólo personas muy especiales y sinceras, como Groucho Marx, se atreverían a decir cosas como: “He pasado una tarde estupenda, pero no ha sido ésta precisamente”.
Tanto a decir la verdad como a mentir se aprende en la infancia, y por tal razón cuando los padres mienten, aunque no se den cuenta, les enseñan ese estilo de comunicación a sus hijos.
Así como el organismo necesita de una buena alimentación para su adecuado desarrollo, la verdad es imprescindible para un sano crecimiento psicológico. En otras palabras, la verdad es un nutriente esencial para la salud mental mientras que la mentira tiene un potente efecto nocivo sobre ella. En especial, porque la mentira genera personalidades falsas, disociadas e inconsistentes.
Aunque la mentira forma parte del desarrollo humano desde la niñez se convierte en una cuestión patológica cuando es una conducta reiterada y repetitiva. Recibe el nombre de mitomanía cuando se vive para y por la mentira.
Debe subrayarse que la mentira siempre tiene una intención precisa que es la de aprovecharse o dañar al otro, aunque el mentiroso quede también preso de esa acción.
Quien miente busca beneficios y logra cierto placer ya que se siente más inteligente que los demás y el riesgo que corre le produce un placentero aumento de la adrenalina.
Sin embargo, la personalidad del mentiroso tiene fallas y daños estructurales. Es habitual que en la mayoría de casos la causa última de las mentiras sea una franca falta de autoestima y un profundo dolor psíquico, que se intenta disimular. La mentira siempre es social, es decir, se necesita de otro para encontrar un lugar de reconocimiento en su entorno vincular.
El mentiroso vive un profundo drama íntimo del cual queda atrapado ya que termina creando un personaje que en realidad no es, por lo cual los halagos o las valoraciones que logre obtener no podrá disfrutarlos por saber que no coinciden con su verdadero yo.
La mentira es un mal mecanismo de defensa para aliviar dolores, vergüenzas, frustraciones o llamar la atención. Pero en especial es una señal de peligro ya que cuanto más se miente más perturbada está la personalidad.
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E. Norberto Abdala, para VIVA del 2-9-12.

 

 

 


 

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