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01/01/2012
La Falta de Energía
 
 
La vida es sinónimo de energía, y el cuerpo humano la necesita para todas sus actividades, sean físicas, mentales o emocionales. Si escasea, estos procesos se perturban o no pueden concretarse.


Muchas personas se quejan de estar “sin pilas” y tienden a atribuirlos a los quehaceres cotidianos, a una suerte de desproporción entre lo mucho que tienen para hacer y el poco tiempo disponible para llevarlo a cabo.
La falta de energía es una de las causas más frecuente que motivan las consultas médicas: se calcula que 5 de cada 100 pacientes que acuden a las mismas lo hacen por este motivo. La falta de energía afecta la calidad de vida más aún que el dolor y, de hecho, es el segundo factor que más la deteriora después de la depresión.
Con frecuencia, y al margen de un posible exceso de responsabilidades y actividades, no se le presta la debida atención a los cuidados básicos que requiere el organismo: la alimentación, el sueño nocturno, el entorno emocional y el no consumo de tóxicos.
El combustible fundamental para el organismo lo aportan los alimentos que se absorben desde el aparato digestivo hacia la sangre y tienen, como finalidad primordial, la de proporcionar al cuerpo la energía suficiente para que pueda realizar, de la forma más eficaz y con el menor costo posible, todas sus funciones. Además, los alimentos son también imprescindibles al proporcionar el material constitutivo que el cuerpo necesita para reponer y reparar las propias pérdidas que se producen durante su funcionamiento.
Sin embargo, las células, para obtener energía, no pueden utilizar los alimentos de manera directa, sino que la producción energética celular se sustenta, casi por completo, en una molécula denominada ATP (adenosintrifosfato).
Las células, a través de complejos procesos bioquímicos, tienen la capacidad de transformar la energía potencial presente en los alimentos de la dieta en ATP, y generan así distintos tipos de energía necesarias para poder realizar sus diversas funciones. Por ejemplo, la energía cinética para el desarrollo de las actividades motoras; la energía térmica, con la que regula la temperatura de los diversos órganos corporales, o la energía eléctrica, que se va a emplear en la conducción de los impulsos nerviosos.
El cerebro humano consume el 20% de la energía total del organismo, aunque su peso sólo representa el 2% del peso corporal total. De acuerdo a lo investigado el 60-80% de la energía del cerebro se utiliza para mantener la conexión entre las neuronas y solo usa entre un 0,5% y un 1% para responder a las demandas del medio exterior.
El principal motivo de la falta de energía suelen ser los factores emocionales (depresión, estrés crónico, ansiedad prolongada, etc.) aunque es necesario descartar la presencia de algunas enfermedades físicas (anemia, hipotiroidismo, virosis, etc.) o el consumo de ciertos medicamentos (tranquilizantes, diuréticos, para la presión arterial, antialérgicos, etc.). Para detectar las causas, se impone la consulta médica a fin de recibir el tratamiento más efectivo.
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E. Norberto Abdala, para VIVA del 1-1-12.

 

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