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01/07/2012
Fantasías y Enfermedades
 
 
A través de miles de años, la evolución del ser humano le permitió, entre otros cambios, aumentar el tamaño de la corteza cerebral y desarrollar así la capacidad de pensar y poder imaginar el futuro.


Es una diferencia clave respecto a otras especies de animales, quienes viven el presente, sin ninguna anticipación que los atemorice ya que, una vez superada una situación de peligro, continúan con su vida habitual.
El mayor tamaño de la corteza cerebral es la razón de que el hombre sea el animal más inteligente. Pero con un alto costo: también es el más miedoso. La capacidad de anticiparse a los peligros, aun antes de que estos aparezcan, permite planificar, crear métodos para alcanzar determinados objetivos, prever posibles obstáculos y embarcarse en busca de las metas previstas.
Para ello se dispone de un recurso fundamental que es la fantasía, una facultad para representar, a través de la imaginación, eventos o sucesos futuros y que todavía no pertenecen al ámbito de lo real. Es decir, que fantasía es un concepto que se puede aplicar a toda situación imaginada. Desde la infancia, tenemos la capacidad de fantasear, la cual sirve para una gran variedad de situaciones y generar así una amplia gama de conductas posibles.
Sin embargo, esta habilidad de fantasear también puede ocasionar que muchas personas sufran mucho por ellas, si confunden o no logran diferenciar que una cosa es la fantasía y otra es la realidad, creando así ficticios y negativos peligros eventuales.
Aunque, por supuesto, no será lo mismo ser un escritor de un género fantástico que una persona torturada con la fantasía de tener un cáncer. Siendo redundante, la fantasía es fantástica, y se transforma en un problema cuando en lugar de inducir proyectos genera pre-ocupaciones.
La preocupación permite la ilusión de que se puede controlar el futuro y estar así mejor preparado para encararlo. Pero este mecanismo de anticipación no es gratuito ya que el cerebro no diferencia lo que está imaginando de lo que está sucediendo. Como ejemplo, la fantasía sexual de estar con una eventual pareja, genera las mismas reacciones orgánicas que si ello estuviera sucediendo.
Todo individuo a menudo pendiente de lo negativo que le podría suceder (siempre alerta, con miedos o pensamientos angustiosos) altera su equilibrio corporal ya que el organismo no está ni diseñado ni preparado para que la sobrecarga de tensión nerviosa permanezca activada en forma prolongada. En caso de que así ocurra se genera, inevitablemente, una enfermedad física o emocional. Es decir, que una preocupación pueda ser útil para prever circunstancias futuras o generar serios daños a la salud.
¿Las causas? Porque se disparan variadas reacciones que producen un desgaste nervioso, hormonal e inmunológico que predisponen al desarrollo de afecciones físicas y/o emocionales. ¿Las consecuencias? : fatiga, insomnio, hipertensión, asma, alergias, dolores varios, obesidad, artritis, diabetes, trastornos cardiovasculares, ansiedad, depresión, pánico, etc., etc.
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E. Norberto Abdala, para VIVA del 1/7/12.

 

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